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octubre 15, 2026Natalia Ortega de Meximold: “Dar voz al conocimiento de las mujeres que lideran la manufactura”.
Por Ricardo Bolaños
Durante la entrevista con Natalia Ortega apareció una escena que me dejó pensando: una mujer participa en una reunión de trabajo, escucha un problema técnico y tiene una propuesta para resolverlo. Sin embargo, antes de intervenir se pregunta si su idea será demasiado básica, si conviene decirla, cómo la recibirán los demás. Natalia recurrió a ese ejemplo al explicarme lo que significa construir una marca personal en la manufactura. Hasta ese momento habíamos hablado de puestos directivos, ingeniería, inteligencia artificial y presencia en redes sociales. De pronto, todo aquello tenía una expresión mucho más cercana: la confianza para levantar la mano en una junta.
Esa escena, planteada como ejemplo y sin referirse a una persona en particular, permite entrar en el asunto que ocupa buena parte de su trabajo. Una profesional puede acumular estudios, experiencia y soluciones a lo largo de los años, y aun así encontrar dificultades para hacer visible ese conocimiento. En la conversación, Natalia vuelve varias veces sobre esas mujeres que ya conocen los procesos, que trabajan dentro de las plantas y que tienen algo que aportar a las discusiones de su industria. Su preocupación es cómo acompañarlas para que participen con mayor confianza y sean reconocidas por esa experiencia.
Natalia es colombiana, vive en Querétaro y lleva alrededor de veinte años cubriendo esta industria desde su trabajo como directora de contenidos de Plastics Technology México. Cuando le pregunté cuánto había cambiado el lugar de las mujeres en la manufactura, respondió desde ese recorrido. Recuerda visitas a plantas donde los cargos directivos estaban ocupados, en su mayoría, por hombres. Dice que eso sigue ocurriendo, aunque hoy encuentra con mayor frecuencia a mujeres al frente de la producción o dedicadas al diseño de moldes. Hubo un tiempo en que esos encuentros le provocaban sorpresa y el deseo inmediato de conocer la historia de quien había llegado hasta allí.
Con los años, aquel interés tomó forma en Mujeres en la Manufactura, una comunidad que busca dar visibilidad al liderazgo femenino, propiciar encuentros entre profesionales y ofrecer herramientas para su desarrollo. Natalia ha entrevistado a más de cincuenta mujeres en estas posiciones. De esas conversaciones recoge obstáculos que se repiten, pero también experiencias de acompañamiento y oportunidades que hicieron posible construir una carrera. La iniciativa tiene mucho de ese oficio de escuchar: reconocer una trayectoria, entender cómo se formó y ponerla al alcance de otras mujeres que todavía están buscando su lugar.
Una carrera que pueda continuar
En el comienzo de nuestra charla evoqué la participación histórica de las mujeres en tareas manuales y operativas. Natalia reconoció esa presencia y se detuvo a darle su valor. Dentro de una planta, explicó, hay mujeres que revisan, pulen o empacan piezas; esos trabajos representan oportunidades laborales que merecen reconocimiento. Al mismo tiempo, le interesa que una mujer que comienza en control de calidad pueda imaginar un crecimiento dentro de esa misma empresa, respaldado por estudios, mentoría y condiciones que le permitan avanzar. En las historias que Natalia ha reunido, la preparación académica ocupa un lugar constante. Muchas de las entrevistadas han debido estudiar intensamente y llegar con credenciales sólidas para demostrar su capacidad técnica y de liderazgo. Una vez dentro, algunas encuentran resistencias culturales; si además son jóvenes, deben abrirse paso también entre diferencias de edad y experiencia.
Natalia insiste en la persistencia y la preparación, aunque su relato también exige mirar a la organización. Al hablar de los casos que han prosperado, menciona una y otra vez la mentoría. Hay hombres y mujeres que en algún momento dieron una oportunidad, acompañaron un aprendizaje o expresaron confianza en quien comenzaba. Ese apoyo permite entender el funcionamiento de una empresa y construir una proyección profesional. Para una recién egresada, puede ser decisivo encontrar a alguien dispuesto a enseñarle y a considerar seriamente sus capacidades.
La continuidad de una carrera también depende de condiciones concretas. Natalia menciona la flexibilidad de horarios y las salas de lactancia como apoyos para las mujeres que son madres. Son medidas que, desde su perspectiva, facilitan permanecer y crecer profesionalmente en distintas etapas de la vida. Escucharla obliga a llevar la conversación sobre liderazgo hasta esos detalles cotidianos: la oportunidad de ingresar, el acompañamiento para aprender y las condiciones para seguir trabajando cuando las responsabilidades personales cambian.
Su preocupación se extiende al relevo generacional. Habla de atraer a jóvenes, hombres y mujeres, para que puedan verse como técnicas de moldes, ingenieras mecánicas o futuras directoras de planta. La manufactura necesita resultarles cercana, ofrecerles referentes y mostrarles posibilidades de desarrollo. Una adolescente que está decidiendo qué estudiar puede encontrar en la trayectoria de una ingeniera una respuesta a dudas que todavía no sabe cómo formular. Por eso Natalia concede tanta importancia a contar esas historias y a que las profesionales sean visibles fuera de sus lugares de trabajo.
El conocimiento también necesita ser comunicado
Durante la entrevista le pregunté por el conocimiento técnico que permanece dentro de las organizaciones. Natalia señaló que las mujeres siguen siendo minoría en el ámbito gerencial y habló, además, de una autocontención que a veces les dificulta proyectarse. Algunas dudan al compartir públicamente lo que saben; otras encuentran obstáculos al escribir o al ordenar sus ideas. Esa dificultad de comunicación puede mantener una experiencia valiosa lejos de las conversaciones donde se construyen referencias profesionales.
En este punto apareció la inteligencia artificial. Natalia la considera una herramienta que, bien utilizada, puede ampliar el acceso a consultas técnicas y apoyar la capacitación. Menciona usos tan concretos como comprender un proceso, aclarar un concepto o consultar una traducción. También advierte que la manera de preguntar y de utilizar estos sistemas influye en la calidad de las respuestas. Su aproximación es práctica: conocer la herramienta, emplearla con sensatez y encontrar dónde puede ayudar en el trabajo.
El segundo desayuno de Mujeres en la Manufactura que Natalia describió para el contexto de Meximold, en Querétaro, se orienta precisamente a ofrecer herramientas para esa proyección. En la conversación destacó la participación de Elizabeth Palacios, estratega de comunicación y posicionamiento digital, quien aportaría conocimientos sobre marca personal y comunicación. La intención es que las asistentes encuentren recursos para compartir su experiencia, intervenir en conversaciones de su sector y ganar visibilidad, con beneficios también para las empresas donde trabajan.
Natalia sitúa la marca personal en la participación cotidiana de una especialista. Puede comenzar en una junta, al presentar una propuesta con claridad; puede crecer cuando responde una consulta técnica en un foro o comparte una solución con sus pares. Con el tiempo, otras personas reconocen a esa profesional como alguien a quien acudir. Durante la charla pensé en el valor que tendría encontrar con mayor frecuencia esas voces en LinkedIn: mujeres que explicaran, desde su experiencia, proyectos, implementaciones y soluciones que forman parte de su trabajo.
Mirar alrededor
Hacia el final le pregunté por los próximos años, por la automatización y por la posibilidad de que cambiara también la composición del liderazgo. Natalia considera que la transformación de las tareas operativas exigirá mayor preparación del talento humano. En su visión, la creatividad, el diseño, la ingeniería y la resolución de problemas adquirirán mayor relevancia conforme la manufactura mexicana responda a las exigencias globales. La formación y la transferencia de conocimiento forman parte de ese futuro que describe.
Para que encontrar mujeres dirigiendo plantas o encabezando proyectos de ingeniería se vuelva cotidiano, identifica un trabajo compartido entre educación, gobierno y empresas. Habla de motivar el interés por matemáticas, física, química e ingeniería, de promover apoyos y becas, de considerar a las candidatas por sus capacidades y de ofrecer mentoría que facilite su crecimiento. Es un recorrido largo, que comienza antes del primer empleo y continúa dentro de las organizaciones.
Mi última pregunta fue qué le diría a una joven que quisiera estudiar ingeniería, pero siguiera viendo la manufactura como un mundo de hombres. Natalia habló de la sensación de soledad que algunas profesionales experimentan al construir su carrera y de lo que ocurre cuando se reúnen con otras que han recorrido caminos semejantes. En esos encuentros pueden conocerse, compartir experiencias y comprobar que existen mujeres trabajando en los espacios a los que aspiran. Su respuesta para aquella joven fue sencilla: «Mira a tu alrededor».
Al terminar la entrevista volví a pensar en la mujer de la reunión, la que tenía una propuesta y dudaba en expresarla. Entre ella y la joven que todavía está eligiendo una carrera hay años de estudio, trabajo y decisiones. También hay una relación posible: la experiencia de una puede ayudar a la otra a imaginar su futuro. La comunidad que Natalia está construyendo busca acercarlas. Para quien dirige una empresa, queda una tarea inmediata y bastante concreta: escuchar a las profesionales de su equipo, conocer lo que saben y dar espacio a sus propuestas en la próxima reunión.



