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febrero 24, 2026Belleza, contemplación y carácter en la era de la Inteligencia Artificial
Por Ricardo Bolaños
El artista que salió de la caverna
La conversación comenzó con algo cotidiano: ajustar el sonido, confirmar la hora, comentar un simulacro de sismo. La fragilidad humana apareció en los primeros minutos sin que nadie lo planeara. Mientras en un lugar la tierra tiembla, en otro —una isla sin placas tectónicas— la estabilidad parece casi garantizada.
En una ciudad la tierra puede temblar en cualquier momento. En otra, la estabilidad es casi permanente. Fragilidad y permanencia. Incertidumbre y estructura.
Santiago Martínez ha vivido entre ambos extremos: Ciudad de México y Londres. Esa dualidad no solo define su geografía; también hace reflexión a su mirada creativa.
El origen: escribir para comprender

Durante la pandemia, mientras cursaba la preparatoria, comenzó publicando poemas breves en redes sociales. Un amigo le pidió que profundizara más en lo que escribía. Ese simple comentario detonó un proceso disciplinado: escribir todos los días.
El resultado fue un manuscrito de más de mil páginas que terminó convirtiéndose en El Cofre de la Vida.
El cofre no es literal. Es una metáfora del espacio interior donde conviven opuestos: el vacío y el absoluto, la luz y la sombra, la duda y la certeza. El libro adopta un método socrático: no impone respuestas, plantea preguntas. Busca que el lector piense por sí mismo.
Ahí aparece una constante en su trayectoria: la reflexión como acto creativo.
De Platón a la tecnología

Santiago reconoce influencias claras: la alegoría de la caverna de Platón, el pensamiento de Sócrates, el humanismo del Renacimiento y la sensibilidad del impresionismo.
La alegoría de la caverna marcó un punto de inflexión personal. La idea de que muchas personas viven observando sombras proyectadas por influencias externas lo llevó a ver el arte como una forma de liberación intelectual.
Del Renacimiento toma la centralidad del ser humano.
Del impresionismo, la búsqueda de belleza idealizada sin perder profundidad emocional.
Sus tres pilares creativos —belleza, armonía y contemplación— nacen de ahí.
En su trabajo en CGI y diseño digital, la tecnología no es protagonista; es instrumento. Lo esencial es la intención.
Para él, la tecnología es acelerador, no identidad. Usa la IA como:
- Iterador rápido de ideas.
- Primera audiencia lógica para guiones.
- Apoyo estructural en procesos técnicos.
Pero tiene una postura clara: estamos viendo la peor versión de la IA. Está creciendo exponencialmente, pero aún es inmadura.
En su opinión, el verdadero riesgo no es la máquina. Es el peligro de la mediocridad que acepta contenido sin alma. Si no se usa la tecnología, uno se queda atrás.
Pero si solo se usa la tecnología sin visión, se vuelve irrelevante.
El proyecto de la silla: contemplar como acto radical

Uno de sus proyectos más personales fue una silla inspirada en el arca y el movimiento del mar. No era un ejercicio estético aislado. Era una invitación a desacelerar.
La intención era clara: crear un objeto que permitiera balancearse y contemplar. Un espacio físico para la pausa.
El reto fue económico. ¿Cómo hacerla accesible sin sacrificar belleza? ¿Por qué lo asequible suele asociarse con lo ordinario?
Para Santiago, la estética no es superficial. Ofrecer belleza es ofrecer dignidad.
Dos ciudades, una identidad creativa
Ciudad de México le aporta energía, color y potencia cultural inmediata.
Londres le exige universalidad y sensibilidad multicultural.
En México puede apoyarse en códigos compartidos. En Londres debe construir mensajes que atraviesen culturas. Esa exigencia lo ha obligado a simplificar hasta lo esencial: lo humano
Disciplina y carácter

Más allá del diseño y la escritura, hay un elemento constante: veinte años de práctica en artes marciales. La disciplina física como equilibrio mental.
Se define idealista, pero intenta mantener los pies en la tierra. Busca conectar con jóvenes creativos porque recuerda lo que fue sentirse aislado en su proceso.
Si algo atraviesa toda la entrevista es esto: la tecnología puede potenciar, pero no sustituir carácter.
Cierre
En una época dominada por la automatización, su postura es clara: la herramienta evoluciona; la intención permanece.
La pregunta no es qué puede hacer la Inteligencia Artificial por el creador.
La pregunta es qué tan claro tiene el creador lo que quiere decir.
Y en ese punto, la conversación vuelve al inicio: salir de la caverna no es abandonar la tecnología. Es usarla sin perder identidad.


