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febrero 26, 2026¿Cómo la Inteligencia Artificial está redefiniendo la conectividad en México?
La IA generativa ya cambió las reglas del juego: donde antes la red podía esperar a una ventana de mantenimiento, hoy tiene que reaccionar al instante ; subir capacidad cuando un pico de uso lo exige, elegir rutas privadas para evitar congestión y aplicar políticas de seguridad sin frenar al negocio.
El concepto de red autónoma resume ese salto. Se trata de una infraestructura que interpreta lo que el equipo necesita —baja latencia entre dos ubicaciones, determinados niveles de seguridad, disponibilidad garantizada— y lo convierte en configuraciones reales, verificables y reversibles, mientras monitoriza su propio desempeño para corregir el rumbo a tiempo.
El boom de los centros de datos y la exigencia de velocidad
Este giro no es teórico, ya que México está densificando su tejido digital a una velocidad inédita.
- Según el Global Data Center Market Report GDC2025 de CleanBridge, el país alcanzó 587.2 MW de capacidad agregada en 2024, de los cuales 111.5 MW estaban operativos y 475.7 MW se encontraban en construcción.
- Además, Querétaro concentra el 67.3% de la capacidad total, consolidándose como epicentro nacional del cómputo y la interconexión.
Esa escala implica más datos moviéndose dentro del país y una operación que solo se sostiene si la red toma decisiones de manera automatizada y predecible. La calidad de la conectividad acompaña esta evolución y eleva la exigencia. Según el Speedtest Connectivity Report H1 2025 de Ookla, los mejores desempeños medianos en México alcanzaron aproximadamente 160 Mbps en redes fijas y 83 Mbps en redes móviles. Son cifras que habilitan experiencias más ricas —video, colaboración, aplicaciones con IA—, pero que también requieren que la red se ajuste sola bajo demanda para evitar caídas de calidad cuando llegan los picos de tráfico.
Intercambio local y el ecosistema de Equinix
La resolución local del tráfico avanza y pide todavía más inteligencia operativa. Según Internet Society, el país cuenta con siete puntos de intercambio de internet (IXP) activos, y alrededor del 39% de las redes puede intercambiar tráfico local a través de ellos. Resolver más contenido “en casa” reduce saltos innecesarios, baja latencias y mejora la estabilidad, siempre que la red sea capaz de escoger el camino óptimo y reforzar controles de seguridad de forma automática.
En paralelo, el ecosistema de interconexión sigue expandiéndose. Equinix ha incorporado capacidad en corredores estratégicos como Monterrey, con nuevas instalaciones que apuntalan rutas privadas de baja latencia entre hubs nacionales y conexiones hacia el exterior. Esto refuerza la infraestructura para cargas críticas y casos de uso de IA que necesitan consistencia en el transporte de datos. Estas expansiones habilitan un tejido donde la automatización del aprovisionamiento y la operación a la velocidad del software ya no son un lujo, sino la única forma de sostener el ritmo de adopción tecnológica del país.
La red como código
El siguiente paso es cultural y técnico a la vez. Implica tratar la red como código, integrar la observabilidad con analítica que detecte anomalías antes de que se conviertan en incidentes y expresar la conectividad como intenciones de negocio para que la plataforma traduzca y ejecute en minutos. En este sentido, empresas como Equinix están impulsando modelos de operación donde el aprovisionamiento conversacional, la telemetría en tiempo real y la interconexión privada se integran de origen para que la red piense, actúe y se corrija sin fricción.
El valor no está en “dejar sola” a la red, sino en darle herramientas para mover datos con confianza y velocidad, justo donde se necesitan para que la IA entregue resultados. La oportunidad es clara: con más cómputo local, mejores velocidades y mayor intercambio en territorio nacional, México tiene los elementos para que la conectividad deje de ser un cuello de botella y se convierta en una ventaja competitiva. Las redes autónomas no prometen magia, prometen consistencia: decisiones informadas por datos, ajustes a tiempo y un transporte de información que acompaña el ritmo de la innovación.


