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noviembre 3, 2026
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noviembre 3, 2026La adopción de inteligencia artificial ya no es una opción tecnológica, sino una prioridad estratégica empresarial.
Gerardo “Bola” Juárez Lozano
Presidente del Consejo de Administración de CompuEducación. Abogado y maestro en Artes Liberales y Ciencias, con enfoque antropológico, por San Diego State University.
¿Qué pasaría si una empresa invierte en inteligencia artificial y, después de un año, descubre que no obtuvo el retorno esperado?
¿Decidimos entonces que la inteligencia artificial no funciona? ¿Suspendemos la inversión y regresamos a nuestras antiguas formas de trabajar?
¿En serio?
No tengo nada contra el ROI, faltaba más. Quienes dirigimos empresas sabemos perfectamente que las inversiones deben producir resultados, pero me parece que estamos utilizando una lógica demasiado limitada para evaluar una de las transformaciones más importantes de nuestro tiempo.
La inteligencia artificial está ampliando nuestras capacidades para analizar, imaginar, crear, creer en nuevas posibilidades, aprender, emprender, inventar y construir. Y lo verdaderamente extraordinario es que estas capacidades nos permitirán participar en la construcción de un mundo nuevo, que ya comienza a tomar forma y que se transformará a una velocidad difícil de imaginar.
Por eso, entender y adoptar la inteligencia artificial debería ser una prioridad extraordinariamente alta en prácticamente todos los ámbitos de la actividad humana, incluido, naturalmente, el empresarial.
Estamos frente a una nueva capacidad para construir el futuro, no solamente frente a un nuevo proyecto tecnológico.
Un edificio se construye, llueva, truene o relampaguee
Cuando decidimos construir un edificio, sabemos que durante la obra habrá lluvias, retrasos, sobrecostos, dificultades técnicas y, dependiendo de dónde estemos, hasta temblores.
Nada de eso significa que debamos detener la construcción cada vez que las circunstancias se complican para preguntarnos si todavía vale la pena terminar el edificio.
La decisión estratégica ya fue tomada. Lo que sigue es trabajar con disciplina, resolver los problemas, corregir los errores, reforzar lo que haga falta y continuar hasta concluir la obra.
Naturalmente, una construcción exige presupuestos, supervisión, indicadores y resultados. Nadie propone levantar un edificio sin control financiero, pero tampoco tendría sentido evaluar su éxito definitivo cuando apenas hemos terminado la planta baja.
Con la adopción de inteligencia artificial sucede exactamente lo mismo.
No podemos pretender que un primer ejercicio, un proyecto que no funcionó o un retorno inferior al esperado determinen si continuamos construyendo las capacidades que nuestras empresas necesitarán durante las próximas décadas.
Debemos medir, corregir, aprender y continuar. Porque la decisión de convertirnos en organizaciones capaces de adoptar inteligencia artificial no puede depender del resultado aislado de un proyecto.
La gran inversión empresarial de nuestro siglo
Estoy convencido de que desarrollar capacidades de inteligencia artificial será una de las inversiones más importantes y rentables que podrán realizar las empresas durante el siglo XXI.
No necesariamente porque cada proyecto produzca resultados inmediatos, sino porque estamos incorporando capacidades que pueden transformar prácticamente todas las actividades de una organización, desde la operación cotidiana hasta la toma de decisiones estratégicas.
Y aquí conviene ampliar nuestra manera de medir el éxito.
Además del retorno financiero, debemos evaluar cuánto están aprendiendo nuestros colaboradores, qué procesos estamos transformando, cómo mejora nuestra capacidad de colaboración y qué nuevas oportunidades de innovación estamos descubriendo.
Porque esos avances no son beneficios secundarios: son parte de las capacidades que permitirán generar resultados económicos cada vez mayores.
Recursos Humanos frente a una proeza extraordinaria
Si la inteligencia artificial está transformando nuestra manera de pensar, aprender y trabajar, ¿quiénes deberían asumir un papel central en semejante desafío?
Los expertos en gestión del talento humano.
Recursos Humanos tiene frente a sí una de las responsabilidades más interesantes de su historia: ayudar a que las organizaciones desarrollen las competencias, los hábitos y la cultura necesarios para incorporar inteligencia artificial a su vida cotidiana.
Por supuesto, Tecnología debe garantizar las herramientas y la seguridad, Finanzas debe medir los resultados y la dirección general debe encabezar el compromiso, pero esta transformación no ocurrirá simplemente porque compremos miles de licencias.
Ocurrirá cuando las personas aprendan a trabajar de otra manera, cuando comiencen a cuestionar procesos que llevan décadas sin modificarse y cuando la curiosidad, el aprendizaje y la innovación formen parte de la cultura empresarial.
Una decisión que trasciende el siguiente ejercicio
La adopción de inteligencia artificial exige inversión, liderazgo, disciplina y resultados medibles, pero también una convicción que trascienda los primeros doce meses.
Si algo no funciona, se corrige; si un proyecto fracasa, se aprende; si una herramienta no produce valor, se sustituye. Lo que no deberíamos hacer es confundir esos tropiezos con una razón para abandonar la transformación.
Porque la verdadera pregunta ya no es si nuestras empresas deben adoptar inteligencia artificial, sino qué tan bien, qué tan profundamente y con qué velocidad seremos capaces de hacerlo.
El ROI seguirá siendo indispensable, pero se ha quedado corto para explicar la magnitud de lo que estamos construyendo.
Estamos ante la oportunidad de desarrollar organizaciones más inteligentes, creativas y capaces de generar valor, y para quienes tenemos la fortuna de ser empresarios, difícilmente podría imaginar una tarea más apasionante.
La inteligencia artificial no es un proyecto que debamos intentar. Es una capacidad empresarial que debemos construir.



