
¿La IA acabó con el software o lo obliga a madurar?
febrero 24, 2026
Santiago Martínez
febrero 24, 2026La Trampa del Sándwich Tecnológico
La soberanía digital de las organizaciones se encuentra hoy en una encrucijada crítica, atrapada en un sándwich operativo que compromete su viabilidad a largo plazo. Por un lado, las empresas cargan con el peso muerto de sistemas legados, auténticas cajas negras llenas de información vital que ya no es posible interpretar plenamente. Estos datos dependen de plataformas que dejaron de operar, versiones de software caducas o arquitecturas cuyos creadores ya no existen, convirtiendo el histórico de la compañía en un jeroglífico costoso de mantener y casi imposible de consultar.
Por el otro extremo, la migración masiva hacia esquemas de Software as a Service (SaaS) se ha realizado con una ligereza alarmante. Bajo la promesa de la comodidad y la modernidad, hemos entregado no solo el almacenamiento, sino la capacidad misma de entender nuestra propia información. Hoy, la inteligencia del negocio reside en terreno rentado; si el proveedor decide cambiar las reglas del juego, elevar los costos de forma unilateral o modificar la estructura de su plataforma, la organización no tiene más remedio que acoplar su estrategia a esos caprichos externos.
Esta dejadez estratégica ha permitido que los proveedores de tecnología no solo resguarden la estructura de nuestros datos, sino que absorban el conocimiento profundo de nuestra operación. Al operar dentro de sus ecosistemas cerrados, les estamos entregando involuntariamente el mapa genético de nuestro negocio. Es una transferencia de valor sin precedentes: el proveedor podría utilizar los flujos de trabajo de sus clientes para entrenar modelos de inteligencia artificial que, eventualmente, empaquetará y venderá a la competencia. En este escenario, la empresa no está comprando una herramienta, está financiando el desarrollo del producto que mañana usará su rival para desplazarla. Estamos alimentando a un tercero con nuestra propiedad intelectual a cambio de una interfaz amigable, perdiendo en el proceso la capacidad de operar de forma independiente si la relación comercial se fractura.
Para rescatar el activo más valioso de la organización antes de que sea demasiado tarde, es imperativo implementar un método de desacoplamiento agresivo. La solución no reside en abandonar la nube, sino en dejar de ver a las aplicaciones como el destino final de la información. La prioridad debe ser la construcción de una capa de abstracción de datos propia, un repositorio central basado en formatos abiertos y estándares que no dependan del software que los procesa.
El objetivo es que la inteligencia de la compañía sea portátil y agnóstica; que las herramientas SaaS sean vistas como simples terminales temporales de ejecución que pueden ser reemplazadas sin que la memoria corporativa sufra una parálisis. Solo mediante la estandarización y el control del flujo de datos fuera de las plataformas propietarias se puede garantizar que el conocimiento del negocio siga perteneciendo a los dueños del negocio.
Sin embargo, el obstáculo más peligroso para esta liberación son los Service Level Agreements (SLA), esa letra pequeña de los contratos que la alta dirección rara vez analiza con rigor. Estos acuerdos se han convertido en pactos de divorcio diseñados para ser prohibitivos, donde el costo de salida es igual o mayor que la inversión inicial. Los cargos ocultos por extracción de datos, las penalizaciones por cancelación anticipada y la complejidad técnica de migrar estructuras propietarias hacen que abandonar una plataforma sea una tragedia financiera.
Es aquí donde surge la negligencia más grave en el liderazgo actual: muchos responsables de tecnología operan bajo la premisa silenciosa de que, para cuando la crisis de salida estalle y los costos de dependencia sean insostenibles, ellos ya no estarán en la organización, o peor aún lo desconocen.
Se están rompiendo los platos de la autonomía por una comodidad inmediata, dejando la cuenta y los fragmentos a las futuras administraciones. La verdadera gestión de un líder tecnológico no se mide por la rapidez con la que adopta una tendencia, sino por la libertad operativa que es capaz de heredar a la organización.


