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diciembre 29, 2025
¿Imbecilidad artificial? Inteligencia artificial.
diciembre 29, 2025El CIO en la mesa de decisiones: de proveedor de soporte a socio del negocio
Por Jetzrael López
La metamorfosis del CIO (chief information officer) actual ya no es una opción de carrera, es una necesidad de supervivencia corporativa. Seamos honestos: la era en la que éramos vistos como los “guardianes del soporte” ha muerto, aunque una gran parte de la alta dirección siga manteniendo esa percepción obsoleta.
Hoy, la tecnología es el epicentro de la viabilidad estratégica, pero persiste una brecha crítica que nos debilita: la disonancia de lenguajes. Mientras el área de sistemas invierte energía en la resiliencia de la arquitectura, la ciberseguridad y la elegancia técnica, el CEO y el resto de la dirección operan bajo premisas implacables: resultados, expansión y valor para los accionistas.
Si aspiramos a ser reconocidos no como un “gasto necesario”, sino como los arquitectos del crecimiento, debemos cambiar la narrativa. Nuestra misión no es vender infraestructura ni robustez técnica; es articular cómo cada decisión tecnológica acelera el tiempo de comercialización (time-to-market), optimiza el costo operativo y blinda los resultados trimestrales.
De la latencia de sistemas al capital de trabajo
El primer pilar de nuestra transformación hacia un rol estratégico no es técnico, es lingüístico: debemos dominar el lenguaje del valor por encima del lenguaje de sistemas.
Investigaciones recientes de McKinsey revelan una realidad incómoda: solo un tercio de los ejecutivos de negocios consideran que sus CIOs están involucrados efectivamente en la estrategia empresarial. Esto sucede porque entrar al comité ejecutivo hablando de microservicios, latencia o escalabilidad es un error de comunicación que nos margina de la mesa de decisiones.
A la dirección general no le interesan los engranajes, le interesa la velocidad de la maquinaria. Nuestra responsabilidad es traducir la robustez técnica en impacto financiero tangible:
- No instalamos una arquitectura de microservicios; estamos reduciendo el ciclo de ventas en un 20%.
- No optimizamos la latencia; estamos blindando la tasa de retención de clientes mediante una experiencia impecable.
- No migramos servicios a la nube; estamos optimizando el capital de trabajo y flexibilizando la estructura de costos.
En la alta dirección, la tecnología solo tiene sentido si se lee claramente en el estado de resultados.
Redefiniendo el shadow IT: del “departamento del no” al motor de crecimiento
Uno de los mayores riesgos para la competitividad actual no es la falta de tecnología, sino la fricción operativa. Históricamente, el área de TI ha sido etiquetada como el “departamento del no”. En nuestro afán por garantizar la seguridad, hemos construido muros burocráticos que chocan con la urgencia que exigen marketing, ventas y operaciones.
Esta desconexión ha disparado el fenómeno del shadow IT (tecnología en la sombra). Sin embargo, en el ciclo actual, esto ha dejado de ser un acto de rebeldía para convertirse en un mecanismo de supervivencia profesional. No estamos ante empleados que buscan vulnerar la red, sino ante líderes de negocio que, armados con una tarjeta corporativa, buscan la agilidad que TI no les está entregando.
¿Cómo debe reaccionar el CIO moderno? Lejos de prohibir, debemos interpretar cada suscripción adquirida fuera de nuestro radar como un indicador de demanda insatisfecha. Tal como sugieren firmas como IDC, el objetivo es transformar ese “gasto oculto” en una inversión inteligente que impacte en el negocio sin sacrificar la resiliencia organizacional.
La trampa del perfeccionismo: innovación frente a parálisis
Para lograr esta transformación, debemos hacer una autocrítica brutal: el perfeccionismo nos está matando. A menudo, el shadow IT prolifera simplemente porque TI es demasiado lento. La “parálisis por análisis”, un riesgo que Deloitte advierte frecuentemente, no es un exceso de celo profesional, es un suicidio reputacional.
Si el departamento de sistemas sigue siendo el lugar donde las ideas mueren esperando una arquitectura perfecta, el CEO dejará de mirarnos como estrategas para vernos como un cuello de botella.
La solución para recuperar la confianza es adoptar el modelo de quick wins (victorias rápidas). La premisa es radical pero necesaria:
- Entregar algo funcional en 30 días o menos.
- Lanzar un MVP (producto mínimo viable) antes que una solución definitiva.
Un éxito rápido y de bajo costo nos otorga el capital político necesario para solicitar presupuestos más ambiciosos para los grandes proyectos estructurales.
Por qué fallan las transformaciones (más allá de la cultura)
Es común culpar a la “resistencia al cambio” o a la “cultura organizacional” por el fracaso de los proyectos tecnológicos. Sin embargo, datos de BCG y McKinsey sugieren que, aunque entre el 70% y el 80% de las transformaciones digitales fallan, las causas raíz suelen ser estructurales, no culturales.
Para que la tecnología genere impacto real, debemos atacar tres frentes críticos:
- La ilusión de la automatización: Aplicar tecnología de punta sobre procesos obsoletos es una receta para el desastre. La tecnología no repara procesos rotos, los expone y sistematiza el caos.
- El vacío de las métricas: Si no puedes medir la adopción en términos de eficiencia y productividad real, no estás transformando; estás gastando. Sin indicadores (KPIs) vinculados al negocio, el éxito es subjetivo.
- El abandono financiero: En el momento en que un proyecto se queda sin un “responsable del ROI”, el desperdicio está asegurado.
La transformación digital no es magia, es disciplina. Antes de pedirle al equipo que “cambie el chip”, asegúrate de que el negocio tenga la casa en orden.
Conclusión: nuestro nuevo horizonte
Colegas, la verdadera transformación no se despliega en los servidores, sino en nuestra mentalidad. Si queremos dejar de ser un centro de costos en el Excel de la compañía, debemos actuar como inversores de riesgo internos: medir el retorno de inversión con frialdad y tener la mano firme para detener proyectos que no suman.
El CIO que logre traducir los bits en resultados y canalizar la energía de la organización, dejará de ser un proveedor de servicios para convertirse en el socio que la empresa necesita para escalar.
Dejemos de administrar lo que hay y empecemos a construir lo que viene. El lunes, cuando cruces la puerta de tu oficina, no preguntes cómo va el sistema; pregunta cómo va el negocio. Ahí es donde empieza nuestra verdadera transformación.


