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octubre 7, 2026La relación bidireccional entre obesidad y depresión: un desafío de salud pública en México
Vivir con obesidad incrementa un 55% el riesgo de desarrollar depresión, mientras que la depresión aumenta un 58% la probabilidad de padecer obesidad. En el marco del Día Mundial de la Salud Mental, especialistas en salud señalan que ambas condiciones están interconectadas por factores biológicos, psicológicos y sociales en la población.
En México, casi el 37% de los adultos vive con obesidad y el 17% presenta síntomas depresivos, según datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) 2022. Abordar esta relación bidireccional exige eliminar el estigma social y garantizar un tratamiento médico integral, humano y multidisciplinario.
Mecanismos biológicos y el impacto del hambre emocional
La conexión entre ambos padecimientos va más allá de la conducta individual. La Dra. Sylvana Stephano, psiquiatra de la Clínica de Obesidad del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán (INCMNSZ), explica que la obesidad y la depresión comparten sistemas biológicos complejos:
Alteraciones metabólicas y estrés: El estrés crónico y la inflamación de bajo grado modifican los circuitos cerebrales que regulan la motivación, el apetito y la percepción interna de las señales corporales.
Hambre emocional: El malestar psicológico altera la interocepción, lo que dificulta distinguir entre la necesidad física de alimento y el deseo de comer impulsado por la tristeza o la ansiedad.
Entorno y crianza: Los patrones de conducta alimentaria están moldeados por la historia personal, la capacidad para expresar emociones y el contexto social del paciente.
Los riesgos del estigma social y la culpa en el paciente
Asumir que la obesidad depende exclusivamente de la voluntad personal perpetúa un juicio errado sobre la salud de las personas. Las opiniones que reducen la solución a “comer menos y hacer ejercicio” generan sentimientos de culpa y vergüenza en los pacientes.
Este rechazo social provoca que las personas eviten acudir a consultas médicas por temor a sufrir discriminación, lo que eleva el riesgo de desarrollar complicaciones graves como diabetes e hipertensión arterial. Asimismo, la percepción de que el peso corporal es únicamente una decisión individual frena la inversión pública en la regulación de entornos alimentarios y el financiamiento de terapias médicas avanzadas.
Recomendaciones para un tratamiento ético y una comunicación incluyente
Para abordar estos padecimientos de forma digna y científica, la comunidad médica y la compañía de ciencia y tecnología Merck sugieren adoptar un enfoque multidisciplinario que combine medicina, psicología, psiquiatría y nutrición.
De igual manera, se promueven pautas precisas para la cobertura periodística sobre la obesidad:
Utilizar lenguaje centrado en la persona: Emplear frases como “personas que viven con obesidad” en lugar de etiquetar a los individuos con adjetivos estigmatizantes.
Eliminar recursos visuales discriminatorios: Evitar el uso de imágenes de cuerpos sin rostro, enfoques exagerados en comida ultraprocesada o clichés visuales como básculas y cintas métricas.
Promover una representación digna: Mostrar imágenes neutras y realistas de personas en sus actividades cotidianas laborales, académicas o familiares.



