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febrero 20, 2026Del tótem al píxel: La desnaturalización de la identidad en la era Therian
El fenómeno contemporáneo conocido como Therian ha despertado un debate necesario sobre los límites de la identidad, la salud mental y la influencia de las subculturas digitales en la percepción del “yo”. A diferencia de las figuras históricas o disciplinas físicas que han integrado elementos animales como herramientas de superación, la tendencia Therian parece proponer una renuncia a la esencia humana en favor de una identidad animal interna y permanente. Esta postura no solo desafía las bases de la psicología clínica tradicional, que históricamente ha catalogado la creencia de ser un animal como zoantropía —un trastorno de la realidad—, sino que también refleja una crisis de pertenencia en una juventud que busca refugio en lo instintivo ante una realidad hiperconectada pero emocionalmente vacía. Al analizar esta tendencia bajo una lente crítica, se hace evidente que estamos ante un desplazamiento de la realidad donde la metáfora del animal ha dejado de ser un símbolo de poder para convertirse en una vía de escape psicosomática.
El Guerrero y el Artista: La Imitación como Herramienta de Poder

Históricamente, la relación del ser humano con el reino animal ha sido de admiración y mimesis estratégica, nunca de sustitución ontológica. Los guerreros Berserkers de la cultura nórdica, por ejemplo, invocaban el espíritu del oso o el lobo no porque renegaran de su humanidad, sino para canalizar una furia ritual (el berserkergang) que les permitiera trascender el miedo y el dolor en el campo de batalla; el animal era un tótem, un catalizador de adrenalina y valor dentro de un contexto social y religioso definido. De manera similar, en las artes marciales orientales, como el Kung Fu o las innovaciones técnicas de Bruce Lee, la observación de la grulla, el tigre o la mantis cumple un propósito estrictamente biomecánico y filosófico. El practicante no “se vuelve” el animal en un sentido patológico, sino que integra la eficiencia de sus movimientos para perfeccionar su propio desempeño humano. En ambos casos, el animal es un maestro o una armadura psicológica, una extensión de las capacidades del individuo que refuerza su posición en el mundo real, a diferencia de la introspección Therian que parece fragmentar la identidad en lugar de fortalecerla.
La Zoantropía Moderna y el Espejismo Digital

Lo que hoy se etiqueta bajo el término Therian guarda una preocupante cercanía con la zoantropía clínica, un estado donde la frontera entre la imaginación y la realidad se difumina peligrosamente. Mientras que el guerrero o el atleta utilizan al animal para interactuar mejor con su entorno, el joven que se identifica como Therian suele habitar un espacio de disforia de especie, donde la sensación de “tener un alma no humana” se convierte en el eje de su existencia. Esta corriente encuentra un caldo de cultivo ideal en las redes sociales, donde la validación grupal transforma lo que antes se consideraba un síntoma de desconexión con la realidad en una “identidad válida”. El riesgo crítico reside en que, al romantizar la pérdida de la identidad humana, se corre el velo sobre posibles necesidades psicológicas no atendidas, sustituyendo el desarrollo de herramientas de afrontamiento social por una regresión instintiva que, aunque ofrece consuelo inmediato, despoja al individuo de su agencia y responsabilidad dentro del tejido social humano.


