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julio 23, 2026Cuando el vino deja la ocasión especial: así cambia la forma de brindar en México
Durante muchos años, el consumo de vino en México perteneció exclusivamente a los aniversarios, las cenas formales y las grandes celebraciones. Hoy esa percepción rígida se transforma con rapidez. Es cada vez más común encontrar una botella acompañando un brunch de fin de semana, una comida entre amigos, una tarde de cocina en casa o una sobremesa casual.
En los últimos años, la industria vitivinícola afronta un desafío claro: conectar con sectores jóvenes que consumen alcohol de manera más consciente y menos frecuente. La Generación Z, que representa casi una cuarta parte de la población nacional, muestra preferencia por bebidas de menor graduación alcohólica y sabores versátiles.
La respuesta de la industria ante el cambio generacional
Ante estas dinámicas del mercado, marcas tradicionales como Riunite adaptan su propuesta para integrar a nuevas audiencias. Con su variante de Lambrusco dulce y una graduación de solo 8% de alcohol, la firma busca generar ocasiones de consumo cotidianas sin perder su arraigo italiano. Esta estrategia permite conectar de forma simultánea con la Generación X, los Millennials y la Generación Z.
“Hoy vemos que el vino está dejando atrás muchos de los protocolos que durante años marcaron su consumo. Una misma botella puede reunir a abuelos, hijos y nietos alrededor de una mesa, pero también acompañar una cena entre amigos, un brunch de fin de semana o una reunión espontánea. Esa flexibilidad está acercando la categoría a nuevas generaciones que buscan experiencias auténticas, sencillas y fáciles de disfrutar. Al final, cada generación brinda de forma distinta, pero todas siguen encontrando en el vino una forma de compartir”, afirma Jonathan Campos, Director de Marketing de IDI, empresa comercializadora de Riunite en México.

Una misma botella para distintas formas de convivir
Cada grupo demográfico mantiene un vínculo particular con esta bebida, ampliando las formas en que se integra en la vida cotidiana:
- Baby Boomers y Generación X: Mantienen el vino como un símbolo de tradición, unido a las celebraciones familiares y a la convivencia alrededor de la mesa.
- Millennials: Expandieron el uso hacia cenas casuales, reuniones tras la jornada laboral, salidas de fin de semana y experiencias gastronómicas diversas.
- Generación Z: Aceleran la transformación mediante un consumo espontáneo, buscando propuestas ligeras para disfrutar en terrazas, restaurantes o reuniones informales.
Esta variedad de hábitos impulsa también el interés por opciones distintas al vino tinto tradicional, como los vinos rosados, espumosos y jóvenes, reconocidos por su frescura y adaptabilidad.
Embajadores que conectan con estilos de vida diversos
Para visibilizar esta diversidad de momentos, Riunite integró a tres perfiles que representan diferentes visiones de consumo:
- Isabel Lascurain: Vinculada al valor de las tradiciones familiares y los momentos de celebración clásica.
- Wattsopa: Enfocado en la espontaneidad con la que los Millennials incorporan el vino en su día a día.
- Andy Badillo: Orientado a la Generación Z, destacando experiencias auténticas dentro de un estilo de vida ligero.
El vino actual no aguanta reservado en la cava esperando una fecha especial. Se abre ante un brunch dominical, una cena improvisada o una reunión sin protocolo. Promover estos nuevos hábitos significa entender el consumo como un acto más cercano, flexible y accesible para todos.



