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octubre 2, 2025Cuando se habla del cuidado de un bebé, la atención suele centrarse en el sueño, las vacunas y la alimentación. Sin embargo, hay un componente poco visible que puede tener un impacto significativo en su salud: el sodio. Aunque este mineral es esencial para funciones vitales, el sodio en la alimentación de los bebés debe mantenerse en niveles muy bajos durante el primer año de vida.
El motivo es fisiológico. Los riñones de los bebés aún están en proceso de maduración y no cuentan con la capacidad necesaria para procesar grandes cantidades de sodio. Un consumo excesivo puede generar sobrecarga renal y aumentar el riesgo de problemas de salud a largo plazo.
Cuánto sodio necesita realmente un bebé
De acuerdo con especialistas en nutrición infantil, las cantidades recomendadas de sodio durante los primeros meses de vida son mínimas. Los bebés menores de seis meses requieren alrededor de 110 miligramos diarios, mientras que entre los seis y doce meses la cifra asciende a 370 miligramos al día. Esta cantidad se cubre de forma natural a través de la leche materna o la fórmula, sin necesidad de añadir sal a los alimentos.
Mantener una dieta baja en sodio hasta, al menos, los dos años también contribuye a que los bebés desarrollen preferencia por los sabores naturales y reduce el riesgo futuro de hipertensión y enfermedades cardiovasculares (Centers for Disease Control and Prevention, 2023).
El papel de la hidratación y el tipo de agua
La hidratación es otro factor clave. No toda el agua es adecuada para los bebés. Algunas presentaciones comerciales, como el agua de garrafón, pueden contener niveles de sodio superiores a 20 miligramos por litro, además de otros minerales no recomendados para esta etapa.
Diversas instituciones de salud coinciden en que el uso de agua libre de sodio es fundamental para proteger los riñones del bebé y evitar problemas como retención de líquidos (MedlinePlus, s. f.).
Recomendaciones prácticas para las familias
Durante los primeros seis meses, la leche materna es suficiente para cubrir las necesidades de hidratación. A partir de esa edad, puede ofrecerse agua en pequeñas cantidades junto con la alimentación complementaria, siempre que sea adecuada para bebés.
Asimismo, no se recomienda hervir agua de la llave para este fin, ya que la evaporación puede concentrar sodio y nitratos. Tampoco es necesario añadir sal a los alimentos: frutas, verduras y cereales aportan los minerales necesarios de forma natural.
Una decisión sencilla con impacto a largo plazo
El primer año de vida es determinante para la salud futura. Reducir el sodio en la alimentación de los bebés es una medida simple que protege sus riñones, favorece hábitos saludables y disminuye riesgos a largo plazo. En nutrición infantil, menos sal no es una carencia, sino una inversión en bienestar.


