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octubre 2, 2025El apagón que dejó sin electricidad a más de 2.2 millones de usuarios en Yucatán, Campeche y Quintana Roo no fue solo un incidente técnico. Fue una señal clara de que la resiliencia energética en la Península de Yucatán sigue siendo un desafío estructural para el país y para las empresas que operan en la región.
De acuerdo con información de la Presidencia de la República y la Secretaría de Energía, la interrupción se originó por una falla en una línea de transmisión durante trabajos de mantenimiento. Aunque el suministro se restableció, el episodio puso en evidencia la fragilidad de un sistema que no puede depender únicamente de la capacidad de generación.
Más allá de la generación: la resiliencia de la red eléctrica
Durante años, el debate energético en México se ha concentrado en cuánta energía se produce. Sin embargo, la experiencia reciente en el sureste demuestra que la resiliencia de un sistema eléctrico depende también de su capacidad para absorber fallas, responder en segundos y mantener la continuidad operativa.
Para las empresas, esta vulnerabilidad no es teórica. Fluctuaciones de voltaje, microcortes y apagones generan daños en maquinaria, interrupciones productivas y pérdidas económicas significativas. Por lo tanto, la resiliencia energética en la Península de Yucatán se ha convertido en un factor estratégico de gestión de riesgos.
El almacenamiento de energía como herramienta estratégica
En este contexto, los sistemas de almacenamiento de energía en baterías (BESS, por sus siglas en inglés) dejan de ser una solución de respaldo para convertirse en infraestructura operativa. Estos sistemas se integran a la red interna de las empresas, generalmente a nivel de subestación, y se conectan a la red de la CFE.
Además de recargarse en horarios de menor costo o mediante generación renovable en sitio, los BESS permiten reducir picos de demanda (peak shaving), desplazar carga (load shifting) y mejorar la calidad del suministro eléctrico. Como resultado, las empresas acceden a costos más predecibles por kilowatt-hora y reducen su exposición a interrupciones.
Un elemento clave es la velocidad de respuesta: un sistema BESS puede activarse en aproximadamente 200 milisegundos ante una falla, tiempo suficiente para proteger procesos industriales sensibles.
Inversión, competitividad y continuidad operativa
La discusión no es menor en un país que captó más de 34,000 millones de dólares en Inversión Extranjera Directa al segundo trimestre de 2025 (Secretaría de Economía, 2025). La estabilidad energética es un componente crítico para sostener esa confianza, particularmente en regiones con alta actividad turística e industrial como el sureste.
Proyectos recientes en la Riviera Maya, que combinan generación solar con almacenamiento en baterías, apuntan en esa dirección. Más allá de los actores específicos, el mensaje es claro: sin resiliencia energética en la Península de Yucatán, la competitividad regional queda expuesta.
Una lección estructural
El apagón no fue una anomalía aislada, sino un recordatorio de que la transmisión eléctrica es un eslabón crítico. Fortalecerla, junto con soluciones de almacenamiento y gestión inteligente de la demanda, será indispensable para que empresas y regiones enteras puedan operar con certidumbre en los próximos años.
El autor es Head of Growth & Customer Success en Energía Real. Su participación se presenta con fines de análisis y opinión especializada.


