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Los niños no son adultos en miniatura, y sus necesidades nutricionales tampoco lo son. La alimentación infantil sin azúcar añadida se ha convertido en uno de los factores clave para favorecer un desarrollo saludable desde los primeros años de vida, con efectos que se extienden hasta la edad adulta.
La Organización Mundial de la Salud recomienda que, en menores de cinco años, la ingesta de azúcares libres no supere el 10% del total de calorías diarias, y que idealmente se mantenga por debajo del 5% (OMS, 2023). Esta medida está asociada con una menor incidencia de caries, sobrepeso y alteraciones metabólicas tempranas.
Por qué reducir los azúcares añadidos desde la infancia
La evidencia científica sugiere que el consumo temprano de azúcares añadidos no solo afecta el peso corporal. Un estudio publicado en Science en 2024 mostró que la exposición temprana a sabores excesivamente dulces reduce la aceptación posterior de frutas y verduras, condicionando las preferencias alimentarias en la vida adulta.
Por lo tanto, promover una alimentación infantil sin azúcar añadida no es solo una recomendación nutricional, sino una estrategia preventiva con impacto a largo plazo en la salud pública.
Azúcar natural vs. azúcares añadidos
No todos los azúcares tienen el mismo efecto en el organismo. Los azúcares naturales presentes en frutas, verduras y leche se acompañan de fibra, vitaminas y minerales. En contraste, los azúcares añadidos aportan calorías sin valor nutricional y, cuando se consumen en exceso, aumentan el riesgo de enfermedades crónicas.
Distinguir entre ambos es fundamental para tomar decisiones informadas en la alimentación de los niños pequeños.
Cuatro prácticas clave para una alimentación infantil más saludable
Especialistas en nutrición coinciden en algunas recomendaciones prácticas:
Priorizar frutas frescas y sin azúcares añadidos.
Aportan dulzor natural, fibra y micronutrientes esenciales.Elegir productos diseñados para la etapa infantil.
Algunos alimentos fortificados, como ciertas fórmulas lácteas sin azúcares añadidos, pueden complementar la dieta cuando están formulados específicamente para niños de 1 a 3 años.Incorporar cereales integrales.
Avena, amaranto o pan integral favorecen una liberación gradual de energía y una mejor digestión.Endulzar con ingredientes naturales.
Plátano, manzana o calabaza permiten reducir el uso de azúcar refinada en preparaciones caseras.Leer etiquetas: una habilidad clave para padres y cuidadores
Además, aprender a interpretar etiquetas nutricionales es una herramienta esencial. Priorizar productos con listas de ingredientes claras y adecuados para la etapa infantil ayuda a consolidar una alimentación infantil sin azúcar añadida basada en evidencia y no en mensajes publicitarios.
En conclusión, reducir los azúcares añadidos desde la infancia es una inversión en salud futura. Pequeños cambios en la mesa familiar pueden generar beneficios duraderos, tanto para los niños como para los adultos que los acompañan en la construcción de hábitos alimentarios conscientes.
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Acerca de NIDO®
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La lactancia materna es el mejor alimento para los bebés y deberá continuar el mayor tiempo posible. NIDO® no es un sucedáneo de la lactancia materna, sino un alimento para niños de corta edad a base de leche para niños sanos mayores de 1 año.
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