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En un entorno donde la productividad y el bienestar están cada vez más vinculados, el lavado de manos sigue siendo uno de los hábitos más eficaces y subestimados para la prevención de enfermedades. Más allá de una recomendación sanitaria, se trata de una práctica cotidiana con impacto directo en la salud pública, el desempeño laboral y la calidad de vida.
Según la Organización Mundial de la Salud, un lavado de manos correcto, con agua y jabón durante entre 40 y 60 segundos, puede reducir las enfermedades diarreicas entre un 23 y 40%, y hasta 58% en personas con sistemas inmunitarios debilitados (OMS, 2023). Además, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades señalan que esta práctica disminuye entre 16 y 21% las infecciones respiratorias comunes, como el resfriado, y reduce significativamente el absentismo escolar y laboral (CDC, 2023).
Por qué el lavado de manos sigue siendo una herramienta clave de salud
En oficinas, espacios públicos y hogares, las manos funcionan como principal vehículo de transmisión de gérmenes. Por lo tanto, reforzar el lavado de manos no solo es una medida individual, sino una estrategia colectiva de prevención que impacta en sistemas de salud y organizaciones.
Además, expertos en bienestar organizacional coinciden en que integrar hábitos de higiene como parte de la cultura diaria ayuda a reducir interrupciones por enfermedad y mejora la percepción de autocuidado entre colaboradores.
Cinco momentos clave para reforzar el lavado de manos
Especialistas en salud coinciden en que existen momentos críticos del día en los que el lavado de manos es indispensable:
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Al llegar a casa o a la oficina, para evitar introducir gérmenes del exterior.
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Antes de comer, sin importar el lugar o la hora.
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Después de ir al baño, un paso básico e innegociable.
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Tras actividades al aire libre o uso de transporte público, donde el contacto con superficies es constante.
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Después de interactuar con personas enfermas, como medida de protección mutua.
Para que el proceso sea efectivo, se recomienda frotar las manos con jabón durante al menos 40 segundos y secarlas completamente, ya que los gérmenes se transfieren con mayor facilidad en manos húmedas.
Del hábito funcional al autocuidado consciente
En los últimos años, la industria de productos de higiene ha buscado transformar el lavado de manos en una experiencia más agradable, integrando fórmulas que limpian sin dañar la piel. Marcas como Grisi han orientado su portafolio hacia esta tendencia, combinando higiene y cuidado dérmico, un enfoque que refleja cómo incluso los hábitos más simples pueden evolucionar hacia prácticas de bienestar cotidiano.
En conclusión, reforzar el lavado de manos no requiere tecnología avanzada ni grandes inversiones, sino constancia, información y cultura preventiva. En un contexto donde la salud se ha convertido en un activo estratégico, este hábito básico sigue siendo una de las herramientas más eficaces y accesibles para proteger a personas, equipos y comunidades.
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