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Ciudad de México, 16 de febrero de 2026.
El primer cumpleaños de un niño suele marcar un hito no solo social, sino alimentario: es el momento en que muchos padres deciden integrarlos plenamente a la mesa familiar. Sin embargo, los expertos en nutrición infantil advierten que una integración inmediata a la dieta familiar sin guía puede poner en riesgo su desarrollo.
Entre el primer y el quinto año de vida, los niños atraviesan un “segundo brote de crecimiento” que corresponde con el inicio de la etapa preescolar, por lo que sus necesidades nutricionales continúan siendo radicalmente distintas a las de un adulto.
El mito de la proteína en la infancia temprana
Después del primer año, los niños continúan con un desarrollo acelerado. El cuerpo del niño está realizando una labor titánica: duplicar nuevamente su peso y aumentar su estatura en otro 50%. En esta etapa, el objetivo biológico es ganar masa muscular y reducir gradualmente el porcentaje de grasa, de ahí la importancia del consumo de proteínas.
Sin embargo, las reglas nutricionales de los adultos no funcionan igual para los niños, pues más proteína no se traduce necesariamente en más músculo.
“Hay un mito muy arraigado que dice que a más proteína, más músculo. En los niños, la realidad es opuesta”, señala Verónica Copka, experta en Nutrición de NIDO®. “Un exceso de proteína en esta etapa no se convierte en músculo; se metaboliza como grasa corporal y somete a los riñones a una carga de trabajo innecesaria”.
De hecho, el exceso de proteína en la infancia temprana se asocia con la acumulación de grasa corporal y alteraciones en la microbiota.
Las matemáticas de la leche
Según estadísticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el peso promedio de un niño de 2 años oscila entre los 11 y 14 kg, lo que equivale a un requerimiento de aproximadamente 14 g de proteína diarios. Sumado a esto, la recomendación experta a partir del año es de dos porciones de leche al día.
Al integrar leche de vaca convencional, la cual aporta unos 8 g por porción, solo con dos vasos ya superan la recomendación diaria total. Esto deja “cero espacio” para las proteínas provenientes de alimentos sólidos como carne, huevo o leguminosas.
Nutrición diseñada para ellos, no para nosotros
Para evitar esta sobrecarga y asegurar un crecimiento equilibrado, la nutrición especializada se vuelve el mejor aliado de los padres. Productos diseñados para esta etapa, como NIDO® Kinder 1+ o su versión Deslactosada, ofrecen una solución precisa:
- Aporte Justo: Aportan entre 4 y 5 gramos de proteína por porción. Esto permite que el niño reciba los beneficios del lácteo sin exceder los límites diarios, permitiendo la integración de otros alimentos.
- Protección: Cada vaso contiene más de 1 billón de probióticos diseñados específicamente para proteger la salud digestiva y las defensas naturales.
- Cero Azúcares: Cumple con normativas estrictas para evitar preferencias por sabores excesivamente dulces, previniendo problemas de obesidad futura.
Convertirse en padres implica aprender a leer etiquetas y entender que el desarrollo de un hijo es una carrera de resistencia, no de velocidad.
“Optar por alimentos diseñados para su edad podría parecer trivial pero es una inversión invaluable, es darle al cuerpo del niño los materiales exactos que necesita para construir un futuro fuerte”, concluye la experta en nutrición.
La nutrición especializada no es un lujo, sino una herramienta de precisión para asegurar que el potencial de crecimiento de cada niño se cumpla sin comprometer su salud metabólica a largo plazo.


