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Advertencia: si eres incapaz de identificar tu propia inteligencia, este artículo puede ofenderte.

La inteligencia es un tema de estudio vigente; controversial y complejo por las variables y dimensiones que abarca. La humanidad está en constante adaptación, por lo que los rasgos/parámetros de la inteligencia también están cambiando (o deberían). Estamos al pie de la singularidad tecnológica con la Inteligencia Artificial, que es “la noción de que las máquinas pueden llegar a ser más inteligentes que los humanos”, y que la “esperanza” o “promesa” para la humanidad es integrar ésta tecnología en nuestro cerebro para multiplicar la capacidad intelectual con la fusión de “pensamiento biológico y no biológico”.

Si para ser más “funcional” van a insertarte un chip para -mejorarte-, ¿podríamos seguir hablando de “inteligencia humana”? Son varias las dimensiones que considerar, pero hoy empezaré por hablar de la increíble cantidad de humanos que siguen muy lejos de los parámetros de inteligencia que se requieren en el siglo XXI.

La IA se vuelve una solución cuando estamos rodeados de humanos “autómatas”.

Cuando pienso en lo que llamo un “autómata”, viene a mi mente un humano programable en etapa beta; como si pudieras abrir una caja de circuitos en su espalda/cabeza y mover los cables. Como si hubieran sido diseñados por un pésimo Ingeniero en Sistemas, además con los cables ya obsoletos/rotos y que se desconectan a cada rato. Es como el “estúpido del siglo XXI”.

Decía Einstein: “Dos cosas son infinitas: la estupidez humana y el universo; y no estoy seguro de lo segundo”.

El sociotipo autómata se refleja en conductas: lineales, sin criterio, reaccionarias, evasivas, perezosas; con respuestas predeterminadas y ante la ignorancia el “no” por delante (como un loop de “Error 404: not found”), se aburren con facilidad, con miles de conflictos emocionales, traumas y años de malos hábitos por resolver que limitan el uso de su capacidad intelectual/razonamiento, con lo que generan discordia a donde vayan, les gusta el dinero fácil, y en general puedes considerarlas personas sin carácter. Muy sencillamente, les da pereza pensar y esforzarse. Esto no se limita a edad, género, raza o status socio-económico o nivel educativo específico.

¿Apocalipsis Zombie?

Los autómatas son comparables con un robot beta porque tienen features de acciones que el día de hoy hace una máquina genérica. Se les programa (aprenden lo que se les dice que aprendan), reconocen patrones y siguen una línea de acción repetitivamente, siendo el sentido de su existencia repetir los mismos ciclos a los que ya están acostumbrados. Necesitan que les digan qué hacer. Pero también son zombies aletargados, sin rumbo, sin voluntad propia, cuerpos sin alma que sólo reaccionan momentáneamente si: les avientas una piedra (o un jitomate, o lo que quieras), o si te pones en su radar.

Los zombies manifiestan una invasión que va matando al cerebro hasta dejarlo reducido en su mínima expresión. De hecho, todas sus características: el exceso de hambre, arrastrar los pies, no poder abrir las puertas usando la manija, sólo poder concentrarse en lo que hay delante de sus caras, el canibalismo, la incapacidad de empatía y responder a los gritos de piedad de sus víctimas (en el caso de los autómatas sería la incapacidad de entender un razonamiento), se deben al atrofiamiento cerebral. Todo similar al perfil del autómata.

¿Inmunidad?

El automatismo además es contagioso; en el ser humano la ley del mínimo esfuerzo se propaga rápidamente. Uno se puede volver inmune cuando se ha decepcionado tanto de autómatas, que deja de creer en ellos; como ver a un zombie y saber que lo peor por hacer es empezar a correr enfrente de él, y que lo más sabio es estar fuera de su radar y no llamar su atención (sobre todo si están congregados).

¿Tiene cura?

La respuesta no es determinante. Dar una respuesta fija sería como asegurar si alguien con enfermedad terminal se va a curar o no, o cuanto tiempo para vivir tiene; no se tiene la autoridad para asegurarlo. Lo cierto es que todo es posible. Una posibilidad es desarrollar el umbral disponible de inteligencia a través de la filosofía del esfuerzo, la disciplina y la curiosidad. Lo mejor es aplicar un tratamiento preventivo en la niñez, en donde se expanda el umbral de inteligencia. Por lo que en el adulto el tratamiento correctivo posible es adoptar lo que yo llamo el “Primer Componente de la Inteligencia: La Voluntad”.

¿La inteligencia Artificial será una cura?

Es probable que cure el síntoma, no la enfermedad. La inteligencia real es como una mesa con 4 pilares: voluntad, emociones, intelecto y consciencia. Aun cuando las computadoras ya pueden aprender por sí mismas e ir actualizando sus algoritmos a través del reconocimiento de nuevos patrones, lo único que pueden reproducir es la capacidad intelectual / de razonamiento. Sin embargo faltan los componentes de voluntad, emociones, y consciencia para considerar un esquema profundo de inteligencia. Es decir, insertar un chip de IA a un autómata le ayudará a observar más variables, pero ¿qué hará con ellas? Si no hay gestión de los componentes ya mencionados.

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