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Sigue a la alza el mundo de la tecnología portable, los llamados wearables o microdispositivos electrónicos que se usan sobre el cuerpo como prendas de vestir. La categoría incluye pulseras que miden el nivel de glucosa en la sangre, anteojos que incluyen una cámara escondida y se activan con la voz, así como playeras capaces de medir el ritmo cardiaco de un atleta, entre muchos más.

Según Business Wire, en 2015 el tamaño de ese mercado fue de 19.6 millones de dólares, mientras que para 2022 se calcula que será de 57.6 millones de dólares. Por eso, el mundo está volteando a verlos. Y es que estos dispositivos han demostrado su utilidad en disciplinas tan distintas como el deporte, la industria, la milicia, el estilo de vida y la medicina, gracias a que permiten medir en tiempo real una infinidad de variables.

Las tecnoprendas son de muchos tipos y se pueden llevar en la muñeca, las orejas, el cuello, la espalda, los brazos y las piernas, con frecuencia de modo imperceptible. Normalmente son operadas a partir de un teléfono inteligente, que se conecta con el dispositivo de forma inalámbrica.

Uno de los más recientes es un parche transparente, delgado y flexible que se pega al brazo cuando el usuario se ejercita: a través del sudor le permite saber cuándo su cuerpo requiere agua, si necesita reponer electrolitos o incluso si debe atender un problema médico. Desarrollado por la Universidad Northwestern, en Estados Unidos, este microlaboratorio del tamaño de una moneda de cinco pesos consta de una interfaz y una red de canales que concentran muestras de sudor y revelan los resultados a partir de un código de colores.

“La transpiración, como todo fluido biológico, contiene compuestos químicos que arrojan información fisiológica sustancial”, dice el doctor John A. Rogers, cabeza de la investigación. Además, señala que el parche podría ser usado para predecir algunas enfermedades a las que el usuario presente especial susceptibilidad, entre ellas, la fibrosis quística.

Por otro lado, la tecnología portable no sólo aplica a los seres humanos sino, claro, a los animales. Tanto así, que la start-up Connecterra ha lanzado un collar inteligente para vacas. La empresa, fundada por dos exempleados de Microsoft, creó el dispositivo que incluye un sensor que monitorea cuánto y cada cuándo come el animal, qué tanto se mueve, si está enfermo. La idea es que la información permita asegurar la plena salud de la vaca lo cual, aseguran los desarrolladores, se traducirá en mantener altos niveles de producción de leche. Según dijeron, la diferencia de producción entre una vaca sana y una descuidada puede ser de hasta 30 litros diarios de leche.

Todo indica que las tecnoprendas se volverán más y más parte de la vida cotidiana. Sin embargo, me interesa no perder de vista algunas de las preocupaciones que suscitan. Por ejemplo, al estar conectadas a teléfonos inteligentes, la información que arrojan puede estar en riesgo de ser utilizada con fines oscuros, como para descalificarnos de un trabajo si nuestra salud no es óptima. Además, tal como ocurre con los teléfonos celulares, los wearables podrían convertirse en formas sofisticadas como las empresas podrían tener mayor control sobre los empleados y, claro, la publicidad sin duda querrá usar esos datos personales para crearnos nuevas necesidades. Es decir, la carrera tecnológica muy probablemente siga mermando nuestra privacidad.

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