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Nuestro cerebro durante muchos momentos en la vida suele ser expuesto a opciones que en muchos de los casos son antagónicas, como cuando decidimos si viajamos a una de dos ciudades completamente diferentes o en el caso de elegir un candidato de dos que nos simpatizan, pero que resultan completamente opuestos.

Expertos en el tema reconocen que este es uno de los principales aspectos de la percepción humana que nos vuelve considerablemente vulnerables, debido a que la mente no está del todo capacitada para medir en unidades precisas y absolutas y debe confiar en procedimientos desproporcionadamente simples para elegir cuando se está contrastando.  Es decir, cuando contrastamos una opción con otra, lo hacemos de un modo que tiene que ver más con las emociones que con la razón, o como dirían algunos decidimos de una forma sumamente primitiva.

Aprovechar los contrastes es útil en ciertos entornos, pero muy efectivo en las campañas políticas en las que se pretende persuadir a las personas, pues es una herramienta con una elevada capacidad para influenciar a los demás.

Un ejemplo de aplicación de la técnica de contraste en una campaña política, puede ser similar a la que uso el psicólogo Robert Cialdini en uno de sus experimentos, en la que logró sintetizar esta estrategia de un modo muy eficaz, al presentar primero una opción muy desagradable, para luego presentar otra muy deseable a efecto de persuadir a los consumidores de que optarán por la opción que justamente era la que tenía en mente para promover desde un principio.

En política como en mercadotecnia, aplicar esta estrategia es una tarea muy recurrida, pues por naturaleza el contraste y la comparación son materia obligada en la elección de los representantes populares. Es el caso de la contienda presidencial en Estados Unido, en donde si bien a los simpatizantes que aman u odian a alguno de los candidatos les es fácil elegir, para la mayoría descartar por contraste se está volviendo una ardua tarea, ya que los antagonismos entre la candidata demócrata y el candidato presidencial pueden ser múltiples.

En campañas políticas, el contraste sirve también para enfocar de manera segmentada los esfuerzos, por ejemplo, nuevamente en el caso de los contendientes presidenciales cada uno corteja sin el menor disimulo lo que podría llamarse “el voto identitario”, pues Clinton, se enfoca en las mujeres y minorías étnicas, mientas que Trump lo hace con los hombres y los anglosajones.

En resumen, una notable herramienta para la persuasión en campaña definitivamente es el contraste y este se puede manifestar desde distintas formas, como podrían ser comparando recursos, capacidades, talentos, preferencias, estudios, acciones, costos, implicaciones, energías y un sinnúmero de situaciones que pueden diferenciar a un sujeto o producto de otro. En fin en estas campañas cada quien encontrará las diferencias, pero lo más importante es que todos los que puedan votar serán influenciados por la diferenciación.

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