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El 30 de julio conmemoramos el Día Mundial contra la Trata, delito que muchas veces pasa invisible ante nuestros ojos y nuestras sociedades. La trata de personas es el acto de captar, trasladar, recibir o acoger personas mediante la amenaza, fuerza o coacción para la explotación, paga o beneficio de otra.

 

La trata es la esclavitud moderna. Mediante la explotación se encuentra el sexo, los trabajos forzados, servidumbre, extracción de órganos, entre otras. La vulnerabilidad de ciertos grupos sociales potencializa la posibilidad de ser víctima de trata, ser migrante, pertenecer a un grupo indígena o la pobreza son variables que amplían la posibilidad de ser víctima.

Recientemente se hicieron públicos casos de explotación a migrantes filipinos que trabajan en actividades domésticas en países de Asia Occidental. Esto derivado de que el pasado febrero se encontró el cadáver de una trabajadora doméstica que llevaba un año desaparecida y de la que encontraron sus restos en el congelador de sus empleadores en Kuwait. Esto provocó la prohibición de envío de trabajadores migratorios a ese país y una serie de conflictos que nos obligan a cuestionarnos la vulnerabilidad a la que están expuestos muchos trabajadores en el mundo.

La trata de personas no distingue edad o sexo, aunque el 70% de las víctimas son mujeres y niñas. De acuerdo a datos de la OIT, 21 millones de personas (el equivalente a la mitad de la población de Argentina) son sujetas a trabajo forzoso en el mundo.

Las víctimas de trata pueden ser migrantes a los que se les extrae sus documentos para forzarlos a trabajar jornadas extenuantes y en condiciones de invisibilidad. Pueden ser trabajadoras domésticas que ante la amenaza de deportación o de quitarles a sus hijos pueden ser prácticamente esclavizadas en sus lugares de trabajo. Niñas que fueron extraídas de sus comunidades de origen para trabajos sexuales o niños que se dedican a la maquila en condiciones infrahumanas, entre muchas otras.

A nivel internacional, el acuerdo sobre lo que constituye la trata de personas es muy reciente, la primera definición consensuada entre países es del año 2000. Necesitamos ver a la trata como una práctica que afecta a hombres y mujeres, de cualquier edad y entraña a una serie diversa de prácticas, pueden suceder sin que se atraviese una frontera internacional porque va más allá del tráfico ilícito de migrantes y el “consentimiento” utilizado mediante el engaño, la amenaza u otros medios no existe.

En América los países están tomando medidas que les permita el cumplimiento de estándares mínimos. Sin embargo, hay países que aún tienen en cantidades importantes víctimas de trata. Esto ante la imposibilidad de visibilizar y denunciar este delito.

Los tratantes se aprovechan de la vulnerabilidad y necesidad de las personas para ser comercializadas o tratadas como mercancías, como objetos, esto con el fin de obtener el mayor número de ganancias aún a costa de la vida humana.

Abatir la trata de personas va más allá de visibilizar a las víctimas, requiere que como consumidores y sociedad seamos capaces de cuestionarnos cómo fueron fabricados los productos que consumimos, si los y las trabajadores domésticos a nuestro alrededor no son amenazados o explotados, es hacer todas las cosas a nuestro alcance para que la vida humana sea respetada dignamente.

A nivel individual, ¿somos capaces de identificar la trata de personas?

 

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