Modern skyscrapers in the business district in the evening light at sunset.
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Los humanos del siglo XXI somos, sin lugar a dudas, información (homo data). Cada día generamos miles de datos que se van recopilando en el cyberespacio, generando nuestro perfil (identidad). El reciente caso de Cambridge Analytica se ha convertido en un escándalo pues permitió que se filtrara la información personal, es decir, las identidades reales de millones de personas en el mundo: quiénes son, cómo son, qué hacen, qué les gusta, cuánto tiempo invierten en redes sociales, cuántos contactos tienen, etcétera. A nivel personal es claro que genera un sentimiento de vulnerabilidad y paranoia.

Pero, ¿es realmente un escándalo? Descargo mi archivo de Facebook, para imaginarlo. En el uso personal no hay nada sorprendente. Encuentro mis fotos y videos, mi lista de amigos, mi perfil. Nada que no pueda ver cualquiera de mis amigos de Facebook. Además, a las empresas de análisis masivo de información poco le importa eso. La información de mis contactos (teléfonos y  correos electrónicos) podría ser sensible, sin embargo, no es algo que no pueda encontrarse en bases de datos públicas.

Ahora bien, en un archivo pueden leerse los temas de anuncios que me han interesado, el historial de anuncios a los que he dado click, las empresas que tienen mi información de contacto, las aplicaciones que tengo instaladas, los eventos que me han interesado y a los que he asistido, en realidad, es información que me vulnera poco y la que más le interesa a Cambridge Analytica, no por saber si yo soy fan del Real Madrid o si tengo una cuenta de Uber, pero si pudiéramos acceder a las más de 2,100 millones de cuentas activas de Facebook (casi el 30% de la población mundial), entonces el valor de la información para desarrollar una estrategia de marketing o una campaña política es sumamente alto.

El archivo de conversaciones es otro tema sensible. Pero, a empresas como Cambridge Analytica nada le interesan mis conversaciones con mi esposa, mis familiares, mis amigos o mi compañaeros de trabajo. Lo que les interesa es, por ejemplo, cuántas veces se escribió “López Obrador”, en México, en determinado periodo de tiempo.

En realidad poco nos vulnera el caso Facebook y la filtración de la información que llegó hasta Cambridge Analytica. Que existan empresas que manipulen la conducta de las personas con fines políticos o mercadológicos tampoco nos debe sorprender. Así ha sido desde hace mucho tiempo, la tecnología solamente lo ha hecho más efectivo.

Las personas que borraron sus cuentas de Facebook y aquellas que han hecho campañas de #BoicotAGoogle o #BoicotAFacebook tendrían que estar dispuetas a vivir fuera de las redes sociales, básicamente fuera de internet, sin utilizar, como lo han hecho, sistemas operativos, redes y dispositivos de las mismas empresas a las que quieren boicotear. Vivir de esa manera es tan complejo como vivir sin dinero en el mundo globalizado capitalista en el que vivimos. Hay que salir del mundo en que vivimos, donde Apple, Google, Amazon, Netflix y Facebook (con un valor comerial de $3,000,000,000,000 dólares) son parte de nuestra vida cotidiana, de quiénes somos, de cómo entendemos la economía, los negocios, la vida, como difícilmente lo han sido otras empresas en la historia. ¿Es posible?

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