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La portada de febrero de la popular revista estadounidense Wired presenta un close-up de Mark Zuckerberg con huellas de pelea y sangre seca en la cara. Se trata de un collage de Jake Rowland y el resultado es impresionante. Estamos acostumbrados a ver al CEO de Facebook siempre en la cima, pero la imagen ilustra el artículo principal de la revista, investigado durante meses por Nicholas Thompson y Fred Vogelstein: Zuckerberg está a mitad de una batalla y nunca ha sido tan golpeado como ahora, pero parece que ha asumido sus errores y ha cambiado de estrategia. Además, según Rowland, de forma sutil la portada alude al conflicto que enfrenta la red social: la frontera borrosa entre lo engañoso y lo real. Y es que el artículo pone el foco en los últimos dos años de la organización, que han estado marcados por su falta de regulación de las noticias falsas o fake news, así como por el uso político de su espacio.

 

En cuanto al primer punto: al incorporar noticias, Facebook se convirtió en un medio de comunicación, cuyos algoritmos premian contenidos sensibles al click, es decir, aquellos que a partir del sensacionalismo o el escándalo llaman la atención. Y, por supuesto, ello incluye notas engañosas, redactadas de forma efectiva. El problema, apunta Wired, es que Zuckerberg dedicó poco tiempo a pensar los temas de fondo de la industria: ¿Qué es un hecho? ¿Cómo diferenciar entre noticia, sátira, análisis y opinión? Sin darse cuenta, las notas falsas comenzaron a inundarla.

Además, con la política de “democratizar” la información, de no favorecer el contenido de una empresa editorial sólida por sobre el de una persona cualquiera, la red ha propiciado la difusión de mentiras. El caso más patente fue el de la campaña de Trump, en el que notas engañosas creadas por la extrema derecha tuvieron más difusión que las reales. Incluso, en el texto de Wired se afirma que según la investigación realizada por el profesor de periodismo Jonathan Albright, unas 500 publicaciones creadas por seguidores radicales de Trump recibieron hasta 340 millones de “compartir”. En otras palabras, la neutralidad de la red terminó por fomentar conscientemente la desinformación.

Una de las conclusiones del trabajo de Wired es que la nueva estrategia de Zuckerberg es limpiar la plataforma, a través de algoritmos, de basura informática. En otras palabras, busca castigar historias sin sustancia y videos que no aportan nada. Además, el CEO también quiere premiar a ciertos creadores de contenido “confiables e informativos”. Los logotipos de periódicos y canales de TV, que hace unos años Zuckerberg casi borró, ahora vuelven a lugar prominente. En suma, cierra Wired, parece que Facebook seguirá la línea de asumirse no solamente como una plataforma de difusión de contenidos sino también como un editor de los mismos, con la obligación de cuidar a sus lectores y cuidar la verdad.

El texto de la revista estadounidense es notable por la profundidad de su análisis. Forma parte de la discusión actual sobre hasta dónde son responsables las redes sociales en difundir determinado tipo de contenido que da clicks (es decir, dinero), mientras deja de lado notas con profundidad e interés, pero no sensacionalistas. Lo que parece interesante es que Zuckerberg esté virando el barco de Facebook.

 

Hoy el rol de prosumidor, híbrido entre productor y consumidor de contenidos, marca una diferencia fundamental en el acceso cotidiano a plataformas de quienes estamos en redes sociales. Todos producimos y consumimos información. Por eso sería bueno que nos preguntáramos cuál es nuestra responsabilidad en la fuerza que han cobrado las noticias falsas, cuando compartimos una nota sin verificar su veracidad, cuando pretendemos (con razón) que Facebook regule la información que se postea, pero nos parece banal darle “like” a la foto que descalifica a un político, sin corroborar si lo que se dice de él o ella es cierto. Me parece que es hora de empezar a medirnos con la misma vara, porque desde Zuckerberg hasta nosotros, todos incidimos en el problema de las noticias falsas.

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