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¿Imaginas una realidad en la que absolutamente todas tus actividades estuvieran controladas por alguien más? ¿O, incluso, por una serie de máquinas destinadas a explotarte comercialmente? ¿Qué todo lo que vieras, dijeras, pensaras, comieras, escucharas y hasta imaginaras fuera parte de un algoritmo de manipulación y control totales?

La distopía: en tal sociedad todos los ciudadanos son obligados a volverse adictos a una poderosa droga llamada R3D. Durante varias horas al día, las personas tienen forzosamente que conectarse a máquinas que le suministran la sustancia. Los niños son conectados desde los primeros meses de vida con ayuda de sus padres. Aquellos que buscan “limpiarse” son automáticamente segregados y, posteriormente, eliminados, ya que la adicción total es indispensable para la supervivencia del sistema.

La realidad: millones de personas en todo el mundo somos adictas a las redes sociales, a los teléfonos inteligentes, a los contenidos digitales. Al mes, somos más de 330 millones de usuarios activos en Twitter; más de 178 millones en Snapchat; más de 700 millones en Instagram; más de 1,300 millones de usuarios de YouTube; y más de 2,200 millones en Facebook (casi una tercera parte de la población mundial).

El problema es que la tecnología se está apropiando de la sociedad. Cada vez es más común ver mesas en restaurantes donde los comensales no platican, cada quien está inmerso en las pantallas de sus teléfonos. Cada día es más frecuente ver niños (cada vez más pequeños) enajenados en sus tabletas. La tecnología está impactando claramente la salud mental, las relaciones sociales, la democracia y la manera en que los niños se relacionan con el mundo.

El punto es simple. Google, Facebook, YouTube, Twitter, Instagram, Snapchat son negocios –negocios billonarios–. Tienen que hacer dinero. Para ello necesitan usuarios activos, Mientras más tiempo estén activos mayor número de usuarios, mayor será el negocio. Supercomputadoras e inteligencia artificial trabajan incansablemente aprendiendo la manera de engancharnos y de modificar nuestras conductas digitales. Y lo logran. Queremos likes y más likes. Queremos la vida perfecta mostrada en Instagram. Queremos retweets. Tenemos que esforzarnos más. Dedicarnos a ello.

Las redes sociales tienen más información de nosotros que lo que imaginamos. En primer lugar les dimos nuestro perfil completo. Les decimos todos los días qué nos gusta, qué nos interesa, a qué le dedicamos mayor o menor atención.

Probablemente estemos en un punto de inflexión. Lo que suceda en la siguiente década dictaminará el tipo de sociedad que seremos. ¿Estaremos condenados al scroll interminable? ¿O podremos caminar hacia una tecnología más humana?

En el Centro por una Tecnología Humana (Center for Human Technology – https://humanetech.com) apuestan por la segunda opción. La organización está conformada por extrabajadores de grandes compañías como Google o Facebook. Y su propósito es trabajar de la mano de la sociedad, el gobierno y las compañías de tecnología para alinear sus productos con el bienestar de la humanidad. ¿Será posible?

Su apuesta es construir un futuro donde nos alejemos de la tecnología que consume nuestra atención y fragmenta el entorno social por una tecnología que proteja nuestras mentes y fortalezca el tejido social. La solución es el diseño tecnológico humano. Y para ello es necesario un conocimiento más profundo de nosotros mismos en relación con los problemas que nos presenta nuestro tiempo. ¿Qué dispara nuestra ansiedad o estrés? ¿Qué apps, por ejemplo, nos relajan y cuáles nos angustian? ¿Cómo nos vulnera la expectativa de tener que estar siempre disponibles? ¿Eres de los que odian los puntos rojos de las notificaciones? Se calcula que tanto adolescentes como adultos revisamos nuestros teléfonos, por lo menos, una vez cada hora, y que el 70% de los usuarios se sienten responsables de responder inmediatamente. ¿Cómo nos vulneran las campañas altamente targeteadas basadas en nuestros perfiles de redes sociales?

Uno de los primeros pasos que propone la organización es “tomar el control de nuestros propios teléfonos inteligentes”. Aquí te explican como: https://humanetech.com/take-control

Actualmente la organización lanzó la campaña “La verdad sobre la tecnología” con Common Sense Media, con más de 7 millones de dólares de fondos, dirigida principalmente a estudiantes, escuelas, maestros y padres de familia, para concientizar sobre los peligros de la tecnología, como la depresión que puede ser originada por el uso excesivo de las redes sociales.

Es interesante que un grupo de personas que ayudaron a diseñar Facebook y Google nos adviertan de sus peligros. Tristan Harris, cofundador y director del Centro, ha sido llamado “lo más cercano a una conciencia de Sillicon Valley”. Tal vez no logremos dimensionar la capacidad de Google para manipular nuestros pensamientos, la de Facebook para controlar nuestros comportamientos.

Tal vez estemos más cerca de lo que imaginamos de que la distopía y la realidad sean una sola…

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Ciudad de México, 1977. Es director general de Editorial Paralelo 21, donde ha trabajado durante los últimos 10 años y donde además ha sido director editorial y editor en jefe de la revista Mexicanísimo. Es colaborador y escritor de la editorial México Natural. Además ha trabajado en otras áreas como publicidad y logística. Es fanático del Real Madrid y de los Pumas. Entre sus escritores favoritos están Kafka, Gonçalo M. Tavares, Antonio Lobo Antunes, Borges y Octavio Paz.