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Pero ya todo estaba arreglado, todo alcanzaba la perfección, la lucha había terminado. Se había vencido a sí mismo definitivamente. Amaba al Gran Hermano.

George Orwell, 1984

 

Te estamos viendo. Te estamos escuchando. Estamos pensando si eres una persona buena o mala, útil para la sociedad o desechable. Te estamos siguiendo. Sabemos a dónde vas, qué haces, a quién visitas. Conocemos cuáles son tus miedos, cuáles son tus anhelos, tus emociones más íntimas, tus secretos más profundos. Te estamos vigilando. Piensa antes de actuar. Ten cuidado.

A finales del siglo XVIII, Jeremy Bentham desarrolló un dispositivo de vigilancia máxima, de registro permanente, de inspección continua, con recursos mínimos: el panóptico. Un mirada central que lo domina todo, que lo ve todo. Era un modelo de cárcel donde desde una torre central, un solo guardia podía vigilar todos los puntos, todos los presos, sin necesidad de moverse. Y más aún, en este modelo de la arquitectura utilitarista, el preso es incapaz de ver si el guardia está o no en la torre. Siempre podría estar. Por lo tanto, el recluso se siente totalmente vigilado.

Esa mirada central, no solo se convirtió en el magistral concepto de George Orwell, Gran Hermano, sino en un modelo que continúa vigente hasta nuestros días: el de las sociedades disciplinarias, donde el poder se alza, está en todas partes, analizado y descrito por el filósofo francés Michel Foucalt, en su gran libro Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión.

Con el desarrollo tecnológico del siglo XX, esos ojos se multiplicaron con las cámaras de seguridad, con lo que creció la eficacia en la observación del comportamiento de las personas. Una mirada ubicua, un encierro total. Se calcula que en el mundo, hay instaladas más de 245 millones de cámaras de seguridad (además de las millones de cámaras de los teléfonos); en la Ciudad de México hay más de 18, 000.

Sin embargo, hasta hace poco, esas cámaras funcionaban de la misma manera que el guardia de las cárceles de Bentham. ¿Realmente están prendidas? ¿Funcionan? ¿Hay alguien que esté mirando todas esas pantallas? En un primer momento, no importa si hay quien las mire o no, de todos modos nos sentimos observados, vigilados, perseguidos.

Ahora bien, ¿qué pasa si conectamos la cámara de vigilancia a un dispositivo inteligente? ¿Qué pasa si hacemos una red de vigilancia con inteligencia artificial? ¿Qué sucede si dotamos al gran hermano de inteligencia? Podría ser un activo para la seguridad pública, pero también podría ser la distopía de Orwell llevada a su máxima expresión.

Pues bien, Ella (smartella.com) es una aplicación que utiliza inteligencia artificial y deep learning para analizar qué sucede en el video. Con ella puedes realizar búsquedas en tu sistema de seguridad. Buscar personas con ropa negra, o cuando aparezca un perro, o un Prius rojo. ¿Y si conectamos todas las cámaras a esta plataforma?

Un paso más. Boulder AI es un negocio de videocámaras inteligentes que no solo se limita a la seguridad y la vigilancia, sino que propone la visión de la inteligencia artificial para desarrollar soluciones comerciales, medioambientales, industriales y de investigación. Imagina una cámara en el mar para contar cuántos peces por especie hay. O utilizarla para reconocer cuando un cliente frecuente entra a tu negocio. O analizar el flujo de personas en un centro comercial o cualquier lugar determinado.

¿Ahora bien, si ponemos una cámara inteligente en cada edificio, en cada automóvil, en cada camión? En el laboratorio SmartSpaces de la Universidad Carnegie Mellon, en Silicon Valley, ya se están desarrollando algunos de esos proyectos. ¿O si procesamos todos los videos de YouTube y de Facebook? ¿Quién será capaz de acceder a esa información? El Gran Hermano del siglo XXI sabrá mucho más de ti, quizás, que tú mismo. Te estamos observando. Te estamos escuchando. Te estamos analizando. Tenemos toda la información. Ten cuidado.

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Ciudad de México, 1977. Es director general de Editorial Paralelo 21, donde ha trabajado durante los últimos 10 años y donde además ha sido director editorial y editor en jefe de la revista Mexicanísimo. Es colaborador y escritor de la editorial México Natural. Además ha trabajado en otras áreas como publicidad y logística. Es fanático del Real Madrid y de los Pumas. Entre sus escritores favoritos están Kafka, Gonçalo M. Tavares, Antonio Lobo Antunes, Borges y Octavio Paz.