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El primer elemento que demanda una buena historia es despertar la inquietud del receptor, llevarlo a preguntarse: ¿qué está pasando? ¿A quién? ¿Por qué? ¿Cómo va a terminar? Si quien mira mi video o lee mi novela no se interesa por averiguar, entonces no hay historia. No se da el contacto emocional.

El fotógrafo inglés Chris Porsz  domina el Storytelling visual: en cada una de sus piezas bullen historias vivas. Por ejemplo, me interesa imaginar qué hay detrás de este hombre y esta mujer que, vestidos como empleados, bailan en los pasillos de un hospital. Quiero saber por qué están contentos, quiénes son, si alguien les llamó la atención por celebrar la vida en un lugar donde ésta suele escaparse por la ventana. O qué pasa por la cabeza de este músico veterano que se lanza por los aires en un concierto en el parque. Quizá me interesa porque detrás veo a una persona

En los años 70 y 80, Porsz retrató a muchos jóvenes de su ciudad natal, Peterborough. Unos 30 años después quiso repetir las fotos con los mismos personajes, en los mismos lugares. Consiguió que el periódico local publicara de una en una las fotos originales y pidiera a la gente que, si se reconocía en ellas, se pusiera en contacto. Así, con el “antes” y el “después” Porsz armó el reciente libro Reunions, que incluye un pequeño comentario sobre el protagonista y el contexto de la imagen. Por ejemplo, en el libro aparece Steve Osborn en 1980 y en 2016. Por un accidente de moto, en la primera usaba el apodo “Metal Mickey” y andaba en muletas. Hoy necesita bastones para caminar pero mantiene en alto el ánimo. Vive en Spalding y es padre de cuatro hijos, uno de los cuales murió en 2012.

Otro caso: el de Dog y Tina, captados en 1985 y 2015. Fueron pareja largo tiempo, tuvieron gemelos y luego se separaron. Actualmente Tina vende productos tejidos y hace objetos de mimbre. Dog vive en el sur de Gales, donde trabaja como jardinero. Los dos rememoran con gusto los 80. “Me acuerdo de cuando nos tomaron la foto, era un tiempo fantástico. Yo tenía varios estilos de peinados punk”, dice Tina, mientras Dog añade: “Fue una buena época. Yo todavía tenía pelo”. En las imágenes se transparenta cariño, una vibra de intimidad.

Me parece importante lo que encuentro en el blog de Porsz. Dice que, al disparar la cámara, busca estos tres elementos: técnica limpia, composición correcta y sorpresa, un factor que asombre (lo llama “el efecto wow”).

 

“Tomar una buena foto en la calle requiere 80 por ciento de audacia y 20 por ciento de talento”, añade en un video. “Me gusta meterme a zonas tanto comerciales como populares, donde hay gente. En las colonias de clase media lo único que ves son autos estacionados”. Comenta que los años de tomar retratos lo han vuelto menos tímido, ahora se acerca a platicar con las personas, es abierto sobre lo que quiere lograr y así consigue el contacto visual que se valora tanto en una imagen. “Una sonrisa te lleva lejos”, afirma.

 

Un dato más: en sus inicios como aficionado, Porsz trataba de no tomar los edificios, le parecían aburridos y a veces a propósito los sacaba de foco. Hoy comenta que intenta captar la mayor cantidad posible de contexto: edificios, calles, coches. “En mis exposiciones de fotos de los 70 y 80, los asistentes se emocionan cuando reconocen inmuebles y calles que ya no existen. Les da un relación más personal con la imagen”.

Porsz aporta de manera intuitiva elementos cardinales del Storytelling que conecta, sea verbal o visual:

  1. En el centro de una historia efectiva siempre hay seres humanos como protagonistas, pero también como narradores.
  2. Aunque técnica y la composición son importantes, sobre todo cuenta el elemento sorpresa.
  3. El contexto en el que se desenvuelven los personajes es básico para darles credibilidad.

Una buena historia abre una puerta a la intimidad de otro.

Esta foto de Porsz, por ejemplo, me genera muchas preguntas. Ahí está la clave.

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