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Entre las muchas historias increíbles que arrojó el sismo del 19 de septiembre de este año, varias tienen que ver con la relevancia de las redes sociales y WhatsApp.
Diana Pacheco, licenciada en administración de empresas, era empleada de Recursos Humanos de la empresa IPS, cuyas oficinas estaban en Álvaro Obregón 286. Gracias a WhatsApp se salvó de morir en el derrumbe. No sólo ella: también otras tres personas.

A los pocos minutos del desplome del edificio, Diana mandó varios mensajes a su marido, Juan Jesús García, además de escribir a familia y amigos, pidiendo ayuda. No podía saberlo, pero sólo lo que envió a su esposo llegó al destino, aunque con muchas horas de retraso. Y con eso bastó.

En la madrugada del 20 de septiembre, Juan Jesús estaba lo más cerca que podía del edificio en escombros, esperando noticias de su mujer. A las 5:34 am le llegaron varios mensajes de ella, de acuerdo con CCN Noticias: “Amor. Se cayó el techo. Estamos atrapados. Amor, te amo. Te amo mucho. Estamos en el piso 4. Cerca de la escalera de emergencia”. Los textos se habían tardado cerca de 16 horas en llegar, quizá porque la cobertura de celular falló en las zonas de desastre. O tal vez la razón de la tardanza fue que tanto la mujer como su teléfono estaban bajo toneladas de cemento.

En cuanto se prendió la pantalla de su celular y leyó los WhatsApps, Juan Jesús corrió hacia el líder de los rescatistas, para mostrarle los mensajes. Los equipos de salvamento comenzaron a buscar a Diana a partir de esa referencia y en poco tiempo la ubicaron, junto con los otros tres sobrevivientes. Poco tiempo después pudieron rescatar a los cuatro.

Este caso no fue el único. Entre otros, también la niña Fátima Navarro fue sepultada bajo los escombros de la escuela Enrique Rebsamen. Según el sitio Animal político, la niña tenía a la mano su celular y envió a sus papás la ubicación donde se encontraba. Los rescatistas la encontraron y la sacaron con vida.

En otro sentido, las redes sociales fueron indispensables para la organización de brigadas de rescate, centros de acopio, donaciones y albergues, además de ser, como desde hace tiempo, el medio de comunicación más socorrido entre los menores de 30 años. Y, como se ha dicho, ellos fueron el músculo principal en estos días. Por otro lado, la nota más vista en televisión, la que difundió Televisa relativa a la niña Frida Sofía, acabó revelándose como un fraude, una manipulación mediática burda, lo que significó otro golpe contra los medios tradicionales.

Me tocó vivir el terremoto de 85 y lo que recuerdo es que en casa nos quedamos sin luz ni teléfono durante muchas horas. No podíamos ver ni oír a Jacobo (“la” fuente de información), había que salir al coche para escuchar el radio, es decir, nuestra idea de lo que pasaba en la ciudad dependió de un solo medio en momentos importantes. En este 19 de septiembre, aunque las redes mostraron su cara negativa al difundir informaciones falsas, su utilidad rebasó por mucho el mal uso que algunos les dieron. Nada es perfecto, pero las redes demostraron por qué llevan la delantera en credibilidad y confianza: la pluralidad de voces que implican resulta preferibles a la visión casi única de hace 32 años.

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