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Hoy el empleo de la mujer es reconocido universalmente como un derecho, mismo que arrastra una larga y constante lucha por la equidad y contra obstáculos que aún están pendientes para consolidar la agenda para el desarrollo sostenible, cuyos principales objetivos son reducir la brecha de desigualdad de género y promover el crecimiento económico a través de él.

La lucha por los derechos de la mujer está vigente desde hace más de cien años. Cuando en 1911, en plena industrialización, se llevó a cabo la primera celebración de Día Internacional de la Mujer, la Internacional Socialista proclamó este día como homenaje al movimiento a favor a los derechos y el sufragio femenino universal en Copenhague, Dinamarca. Sin Embargo hasta 1977 La Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) proclamó oficialmente el 8 de marzo como Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional.

Pese al esfuerzo, la desigualdad de género en el mercado laboral a nivel global persiste, los cambios que se han logrado a nivel educativo, no han llegado al ámbito laboral, sólo unas mínimas variaciones se han registrado desde 1995 desde que se llevó a cabo la cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer en Beijing.

Por diversas razones, en muchos casos culturales y demográficas, las mujeres tienen más probabilidades de obtener trabajos informales y de permanecer en desempleo. Por consecuencia sin margen de protección social, lo cual representa en pleno siglo XXI un verdadero problema que atañe a la sociedad a nivel global.

La segregación y la desigualdad de la mujer frente a márgenes de Seguridad Social

Las pensiones, las prestaciones de desempleo y la protección de maternidad son derechos de seguridad social imprescindibles para las mujeres, sin embargo ellas perciben prestaciones inferiores debido a que en comparación con los hombres, en ocasiones los salarios son más bajos durante su vida laboral, sus periodos de cotización son más cortos, suelen trabajar con mayor frecuencia en tiempos parciales y reciben mayor proporción de prestaciones de sobreviviente y pensiones no contributivas de vejez.

Esto claro cuando están sujetas a protección social en trabajos formales, de acuerdo a datos oficiales de la Organización Nacional de Trabajo (OIT), el 80% del trabajo informal en latinoamerica es realizado por mujeres, en el mundo sólo el 52.1% son asalariadas, por lo que el resto se encuentra desprotegida y el 65% de los adultos mayores, que no reciben pensión de jubilación son mujeres.

En esta esfera convergen dos problemas, la desigualdad económica y de género,  la mayoría de las mujeres que viven en países desarrollados laboran en los sectores menos remunerados como son la salud, la educación y el trabajo social. Por otro lado en los países en vías de desarrollo la mano de obra y la agricultura es la mayor fuente de ingresos, en suma al trabajo de cuidado de los hijos y de la casa, el cual no es remunerado.

¿Sabías que el 60 % de las mujeres en el mundo no se benefician de su derecho a licencia de maternidad? Incluso todas aquellas trabajadoras independientes, servidoras domésticas y agrícolas tienen derecho a afiliarse voluntariamente y obtener esta cobertura, sin embargo no existe la difusión ni asesoramiento a su alcance para estos temas y ese es un problema aún mayor, y es que si lo pensamos bien es mucho peor saber que la maternidad representa la primera fuente de discriminación en el campo laboral.

En términos de desigualdad en género, la brecha se ha reducido desde 1995, con una mínima diferencia de 15% al menos en latinoámerica. El porcentaje de mujeres empleadas y afiliadas a un plan pensional es de 1,7 % más bajo que los hombres, el 6, 2 % de las mujeres se encuentran en desempleo, sobre el 5,5 %de los hombres.

 ¿Qué políticas e iniciativas necesitamos para cambiar esto?

El reconocimiento a la mujer y su importante crecimiento en el mundo laboral no queda aquí, aún hay mucho que cambiar.

-Concientizándonos del panorama actual como sociedad promoviendo mejores empleos para la mujer, programas educativos para alentar a niños y niñas a reducir la segregación.

-Impulsar al sector gubernamental al aumento de inversión social en medidas laborales y familiares.

La OIT sostiene que la protección social no sólo es un derecho para la mujer es una herramienta de transformación en la equidad de género.

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