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comunicación
Donald Trump demonstrates his tweeting skills in his office at Trump Tower in New York, Sept. 29, 2015. Some say it took Trump’s unfiltered, type-anything style to fulfill what digital strategists have long predicted: a campaign built on social media. (Josh Haner/The New York Times)
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En medio del descontento social que se vive en el país, 140 caracteres escritos en un dispositivo móvil en Nueva York, agudizan la situación económica de 50 millones de mexicanos.

Esta semana Donald Trump publicaba en Twitter amenazas contra el Tratado de Libre Comercio que Estados Unidos tiene firmado con México y Canadá, lo que provocó un episodio de volatilidad en los mercados financieros que llevaron al dólar norteamericano a cotizarse por encima de los 22 pesos.

El alza en el precio del dólar está detrás de los aumentos a las gasolinas y a decenas de productos de la canasta básica, situación que agrava la ya de por sí complicada situación financiera de las familias en el país.

Se trata de un fenómeno que evidencia que la opinión compartida en tiempo real ha sobrepasado la trascendencia que hasta hace poco tenía la opinión publicada, y está causando incluso más daño.

En México, la red social más utilizada por los políticos es Facebook pero para promocionarse y evidenciar el divorcio que existe entre los problemas de la sociedad y las prioridades de la clase gobernante.

Por el contrario en Twitter,  donde radica la conversación real a los grandes temas nacionales, está saturada de mensajes antisistema de una generación conectada que ocupa los espacios que el gobierno y los actores públicos del sistema no quieren o no pueden ocupar.

En plena era digital, la escala de preocupaciones de la sociedad en la red dificulta a las organizaciones políticas una respuesta oportuna.

Los mensajes de Donald Trump no han tenido una respuesta firme y contundente del Gobierno mexicano que abone no solo a la credibilidad política sino a la estabilidad económica.

Hace 2 años, el Presidente de México Enrique Peña Nieto, anunció la Estrategia Digital Nacional, un plan de acción que el Gobierno de la República implementará durante los próximos cinco años para fomentar la adopción y el desarrollo de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) para que la adopción y uso de las tecnologías maximicen su impacto económico y social en beneficio de la calidad de vida de todos los mexicanos.

El primer apartado de Transformación Gubernamental establece la construcción de una nueva relación entre la sociedad y el gobierno, basada en la experiencia de los ciudadanos como usuarios de los servicios públicos. “Esta relación se construirá a partir del uso y adopción de las TIC en el Gobierno de la República” dice el documento, lo que hasta ahora no ocurre.

Un estudio publicado por Our Mobile Planet -desarrollado por Ipsos MediaCT y presentado por Google Méxicon revela que no falta mucho para que el 70% de la población tenga un Smartphone, o teléfono inteligente para poder conectarse a internet.

Pero esta audiencia potencial que cada día es más amplia, no recibe aún información valiosa por parte del Gobierno y se enteran a partir de lo que divulgan quienes sí están utilizando éstas plataformas virtuales para informar, desinformar, denostar o simplemente criticar.

Con ése poder que tienen los contenidos virtuales, no estamos lejos de presenciar la caída de actores políticos a partir de presiones ciudadanas desde las tribunas cibernéticas.

Es un pena que mientras esto pasa, los políticos en nuestro país sigan atrasados y sumidos en una anarquía tecnológica completa por omisión, ignorancia o simplemente por que la fragilidad del Estado de derecho en el que viven se los permite.

La gran mayoría de los mexicanos cree que los políticos no se preocupan por ellos, no confían en las instituciones y no esperan nada de sus semejantes.

Diversos autores adjudican éste desencanto de la sociedad con la democracia, con la efectividad que han mostrado los regímenes para dar respuestas a los anhelos de bienestar que la democracia en la referencia constitucional.

Por eso ahora, el vínculo comunicacional entre los políticos y la generación conectada no sólo debe ser digital y móvil; debe de ser interactivo.

El Gobierno debe entender que cada vez será más fácil usar la tecnología como en instrumento facilitador para organizar a un grupo más o menos numeroso de personas de forma más sencilla.

La ciudadanía digital está ansiosa de reinventar el sistema político y lo hará desde sus dispositivos evidenciando cada vez de manera más cruel a los político

 

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