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“Los tiempos están cambiando” reza una canción del ahora premio Nobel de literatura, Bob Dylan. Leonard Cohen (tristemente, finado el día de ayer) se refirió al reconocimiento de esta manera “Darle un Nobel a Dylan es como dar una medalla al Everest por ser la montaña más alta” aplaudiendo que por fin, la academia Sueca le diera este reconocimiento al cantautor.

Este año, los cachorros de Chicago terminaron con la maldición de la cabra al ganar la serie mundial después de 108 años y DiCaprio por fin ganó un Oscar.

¿Qué más puede pasar?

El miércoles al llevar a mi hijo a la escuela, percibí un ambiente raro en la ciudad, que nada tenía que ver con la mañana fría y lluviosa, el transporte público lleno de caras largas que denotaban un profundo temor e incertidumbre, similares a las mismas caras que vi y la misma sensación que tuve el 11 de septiembre de 2001 al mediodía en el transporte público.

Nadie habría previsto lo que la noche anterior estaba culminando, una capicúa siniestra (9/11 11/9) que se anunciaba ante los ojos del mundo pendientes en una nación, el resultado, es de todos conocido.

Los comentaristas y los analistas expertos no daban crédito a lo que estaban presenciando, las encuestas habían fallado.

El único que no falló, fue Google. Un par de meses atrás, mientras tomaba un curso de AdWords, nos mostraban las aplicaciones estadísticas que tiene la plataforma, al hacer una búsqueda entre los principales contendientes de las elecciones estadounidenses, los resultados eran escalofriantes.

-¿Qué tan confiables son esos resultados?- Pregunté con cierta incredulidad.

-La misma pregunta me hice en las elecciones en México de 2012 al hacer la misma búsqueda y Google no falló- Respondió el instructor mientras veíamos en la pantalla el nombre del ganador de estas elecciones. Las búsquedas “Migrar a Canadá” y “Migrar a México” se dispararon la noche del martes pasado en el buscador de Google.

¿Cómo llegamos a este punto? Es la pregunta que se hacen por todos lados.

Y las respuestas van cayendo poco a poco. Los Millenials no estaban convencidos por ninguno de los candidatos, el abstencionismo fue brutal, el voto latino no fue factor, los hijos de migrantes dieron la espalda a sus raíces, el marketing empresarial le ganó al marketing político, el hartazgo hacia la clase política y sus promesas de campaña que no favorecen a un sector de la sociedad; el voto para castigar al sistema, o simplemente la búsqueda de un cambio basado en el populismo. Populismo del que hace unos meses nos reíamos al escuchar la respuesta que Obama dio a lo antes dicho por Peña Nieto.

Juan Villoro dijo en el documental “Gimme the Power” de 2012:

-No hay crisis peor que la falta de expectativas y en la democracia puede ganar el peor- Haciendo referencia  a las elecciones de realizadas en México en los años 2000 y 2006, que al parecer no sólo aplica para nuestro país.

Sí, el panorama no se ve nada bien, no solo para México, sino para el mundo entero.

Pero no todo está perdido, estamos ante la oportunidad para revertir lo negativo y hacerlo girar a nuestro favor. Exigir a nuestros gobernantes ponerse las pilas, pero también haciendo nuestra parte. Dicen que cada cambio viene acompañado de una gran sacudida, que en este caso es enorme y estamos obligados a hacer algo.

Ya lo escribió en 1964 Bob Dylan.

Then you better start swimmin’      (Entonces empiecen a nadar)

Or you’ll sink like a Stone                 (O se hundirán como una piedra)

For the times they are a-changin’.  (Porque los tiempos están cambiando)

Muchas sorpresas nos ha dado este turbulento 2016.

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