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“…Tengo que atraparlos, nuestro destino así es…” y cantaba cada que empezaba un nuevo episodio de uno de mis programas favoritos cuando era niña…

Fue hace tan sólo unos días… para ser exactos el pasado 6 de julio que Pokémon Company junto con Niantic lanzarón la aplicación para Android, Pokémon Go. De entrada llegó para descarga de Google Play en países como España, Estados Unidos, Japón, Nueva Zelanda y Australia.

Pero esto no fue límite para que en otros países, incluido México descargaran el juego de realidad aumentada en versiones ilegítimas, aún corriendo el riesgo de tener sus datos de localización entre otros de sus dispositivos expuestos, todo con el fin de lograr ser un “maestro Pokémon”.

Y es que Pokémon ha significado en los últimos días un verdadero fenómeno, no sólo en materia de números para Nintendo, quién gracias al juego se ha posicionado en el top 20 de las campañas japonesas incrementando sus acciones hasta un 25% desde el lanzamiento. Nos encontramos frente a un fenómeno social que va más allá de las descargas que superan aplicaciones como Tinder y Candy Crush, y que hay más usuarios en búsqueda continua y mutua de pokemones que twitteando o subiendo snaps o whats en menos de un mes… (record) y que no es exclusivo de geeks fanáticos del anime o de los gamers.

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¿Pero por qué tanto furor?

Digo, qué tan racional es que las reproducciones del anime en Spotify se hayan triplicado, desde el lanzamiento. que estrellas del pop y personas comunes salgan de sus casas en la noche, al mismo punto de la ciudad para poder capturar una nueva criatura virtual… y bueno la gente ha sabido aprovechar este negocio, no sólo el taxista que decidió armar su “poketaxi” y cobrar $130 pesos la hora por llevarte seguro a buscar pokemones, ahora parece grandes como McDonalds.

¿Increíble? Sí, pero justificado…

Si creciste en los noventas, además de que seguramente te encuentras coleccionando Pokemones, sabes que no es la primera fiebre sobre este tema. En 1997 se estrenó la serie animada de Satoshi Tajiri, éxito que atrapó a cientos de niños y en México, aún tampoco llegaba Pokémon Go, pero lo más cercano a ser como Ash Ketchum, el protagonista, eran los videojuegos temáticos, para Nintendo claro; el coleccionar los famosos “tazos” que salían en las papas Sabritas y ganar pokemones, y llenar los ábumes con calcomanías oficiales.

Recuerdo la serie como si fuera ayer, no me perdía ningún capitulo, incluso tenía figurillas y peluches de pokemones, mi favorito siempre fue Pikachu. No es que me declare fanática Pokémon, ni siquiera he descargado el juego, pero comprendo que salió en el momento preciso para los millennials.

En lo particular, considero el éxito no sólo se debe a un excelente estrategia de desarrollo, usando la geolocalización móvil y la realidad virtual, si no en la experiencia que se la ha brindado al usuario, han cumplido el sueño de todo niño millennial en los noventas: convertirse en un verdadero maestro Pokemón.

La app ha permitido ser como Ash, entrenar pokemones como él y el equipo Rocket, encontrarlos y comprar pokebolas, huevos, pociones y tener batallas en gimnasios ¡tal y como cuando lo veíamos en Canal 5 y Cartoon Network!

¿Qué mejor que recordar la historia, si no es vivirla?

Los millennials hoy tienen el poder adquisitivo para invertir en este tipo de cosas, evocar el recuerdo y obtener la experiencia. Así que en este caso, si las empresas quieren subirse al tren de pokemón go, deben saber que se dirigen a ellos.

He de confesar que aún sufro por no descargar el juego y no poder ser maestra Pokemón como mis amigos, ni tener a mi Pikachu, pero espero ansiosa, pues un rumor en Twitter corre que para el día 20, la aplicación estará disponible en México y seguro podré ser siempre la mejor, mejor que los demás…

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