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La disidencia magisterial acaba con la vida publica en Oaxaca y Chiapas, un par de gobernadores salientes protagonizan sendos escándalos de autoritarismo y corrupción y el Presidente es objeto de burlas en las redes sociales por incidentes triviales en su gira por Canadá. Entonces el Gobierno Federal anuncia aumentos a la gasolina y a las tarifas de electricidad.

Es el ‘Verano Mexicano’ y tal como ocurrió en la primavera árabe, los usuarios del ecosistema digital en México tienen suficientes insumos para mantener vigente la crítica despiadada que provoca emociones que movilizan contra un Gobierno que en lugar de reaccionar echa fuego a la hoguera.

Los contenidos en contra del régimen tienen un importante porcentaje de aprobación orgánica porque en su gran mayoría están hechos con cuentas ciudadanas ajenas del ‘tufo’ partidista y concentrados estrictamente en la lógica ‘antisistema’, lo que eleva exponencialmente su potencial para generar conversación.

Es la manifestación de expresiones que también ocurren en Estados Unidos con el fenómeno Donald Trump o en semanas recientes con el triunfo del ‘Brexit’ en Reino Unido; es el usuario que está harto de la corrupción, de los políticos, del sistema vigente.

En el lado oficial, en la estructura del gobierno prevalece un modelo anacrónico de comunicación que no conecta; los sectores y organizaciones afines al sistema muestran un reducido apoyo desde la vertiente ciudadana con esfuerzos dispersos, desenfocados, con temor a la crítica y sin capacidad de participar en la confrontación argumentativa pública.

Ningún discurso oficial puede contra el desempleado ofendido, contra la ama de casa que ve como su capacidad de compra es lesionada por aumentos arbitrarios a los servicios púbicos, contra los jóvenes sin mayores expectativas, las familias agraviadas por la inseguridad, o contra el burócrata condenado al estancamiento laboral.

Ciudadanos empoderados contra gobiernos incapaces de reaccionar en un contexto repleto de elementos que configuran una tormenta perfecta.

Dado el humor social que prevalece como consecuencia del resentimiento, el agravio y la ofensa en la sociedad por la debilidad institucional, la oposición más radical han centrado sus baterías en culpar desde las redes sociales al régimen de esta realidad y trasladar el costo político al partido gobernante.

La sociedad en Reino Unido reflexiona ahora mismo haber dado tanto poder a los ‘antisistema’ porque han comprado boleto a ‘ninguna parte’; esto está por ocurrir en México si prevalecen las condiciones actuales del debate político – ciudadano, especialmente en las plataformas digitales.

Verano

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