Compartir
Reading Time: 3 minutes

am

El jueves 25 de febrero del año 2010, las principales ciudades de Tamaulipas vivieron el día de mayor pánico y psicosis de su historia cuando en sólo 45minutos cientos de miles de personas fueron advertidas por las redes sociales de presuntas balaceras en las calles de Victoria, Tampico y Matamoros.

José María Leal, Rector de la Universidad estatal daba un informe de labores cuando antes de las 11 de la mañana, mensajes de texto alertaban sobre supuestos cuerpos de personas muertas en diversas calles de la capital del Estado.

La difusión en menos de una hora de tales rumores colapsó la red de telecomunicaciones; madres de familias salieron a las calles para ir a las escuelas a sacar a sus hijos para protegerlos de presuntas balaceras; los comercios cerraron un par de horas y a cada rumor, la gente le agregaba más elementos de miedo.

Aun no eran las 12 del mediodía y ya había quienes juraban haber visto muertos.

Los medios nacionales que monitorean las redes sociales ya preguntaban a sus corresponsales en la capital del Estado sobre los supuestos hechos.

A las 12.40, de las oficinas de la Procuraduría General de Justicia llamaron a los medios de comunicación para darles la noticia de que no había pasado nada en la capital que ameritara alguna movilización.

El extraño fenómeno de histeria colectiva se repitió en las principales ciudades de Tamaulipas.

En efecto, desde principios del 2010 en que la sociedad tamaulipeca vivió en carne propia el poderío de un  fenómeno de comunicación virtual entre miles de personas que empezó a marcar una pauta en la manera de interactuar de la sociedad con el gobierno y con la delincuencia, comenzó el uso masivo de las plataformas tecnológicas para difundir mensajes, rumores o sucesos en materia de seguridad. Las redes sociales siguen siendo hasta hoy en un referente en temas de seguridad ante la crisis de credibilidad de los productos comunicacionales de las instituciones publicas que siguen usando el boletín de prensa como principal insumo para comunicar.

Pero, ¿fue Tamaulipas, un hecho aislado? ¿Son operaciones de inteligencia quirúrgicamente planeadas desde el ecosistema digital?

¿Es un modelo de operación cibernética cada vez más estructurado?.

Hace unas semanas, vimos la misma situación en Acapulco, en Guerrero. Hechos de violencia reales y situaciones falsas de peligro que provocaron un daño tremendo en la economía regional. El mismo modelo operado en Tamaulipas.

Vimos también en Veracruz a un Gobernante ser exhibido tras publicar en las redes, una fotografía de un suceso en medio oriente como testimonial gráfico para un accidente en Coatzacoalcos. Otra vez la misma táctica.

Hay quienes llaman a esta situación ‘dinámicas de guerra negra’ donde el miedo y el terror en la población son los principales insumos de la propaganda política de grupos que utilizan la coyuntura adversa para desacreditar al gobierno en turno.

No en vano, la campaña política de la oposición en Tamaulipas está en el internet, más que en los medios convencionales y claro, con el tema de seguridad.

Por eso es probable que estemos asistiendo a una nueva era en el que el poderío de las redes sociales, cruzó los límites de la conversación para dar espacio a mentes siniestras para detonar el miedo entre la población.

El ciberterrorismo comienza a cobrar forma.

Una amplia comunidad de usuarios están usando los medios sociales para generar pánico entre la población con una finalidad política.

Para mala fortuna de la sociedad, está fórmula ha sido probada y es efectiva en un contexto de indefensión estructural de las instituciones públicas que se aferran a modelos anacrónicos de comunicación social que privilegian medios tradicionales para una sociedad que decide qué ver; cómo y cuándo.

La facilidad con la que se puede viralizar un rumor, una imagen o un video es directamente proporcional a la falta de capacidad de reacción de las instituciones gubernamentales ante una amenaza en la red.

El crecimiento del uso de las redes sociales es una tendencia irreversible que avanza rápidamente y hoy constituyen el mejor vehículo comunicacional para no solo informar sobre situaciones de riesgo, sino para que la sociedad conozca el trabajo de las instituciones al respecto.

Los cientos de miles de usuarios de redes acceden a contenidos cada vez más sofisticados por lo que es imperativo, agregar valor a la oferta editorial de las dependencias públicas, especialmente en materia de seguridad que es la principal demanda de la sociedad.

La migración del modelo de comunicación tradicional a uno basado en medios sociales será difícil, dolorosa quizá pero es inevitable para la sociedad y para el gobierno que tiene que jugar de visitante en un terreno comunicacional diseñado para conversar. Pero para fortuna de todos, no hay alternativa. (@AdanMoctezuma)

Comentarios

comentarios