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Hay aproximaciones cada vez más promisorias acerca de qué es lo que pasa en el cerebro cuando tenemos una ocurrencia, pero, como en los cráteres siberianos, aún no se llegó a lo más profundo del fenómeno.

Quienes más cerca llegaron a lo que sucede en el “momento Eureka”, esa instancia que dura milisegundos en la que se genera una idea brillante, son los científicos cognitivos John Kounios, de la Universidad de Drexler, en los Estados Unidos, y Mark Jung-Beeman, de Northwestern, que vienen estudiando el tema desde los 90 y que realizaron un descubrimiento clave: en el instante previo a una epifanía, la actividad en el cerebro vinculada al área visual, literalmente, se apaga. Esta “ceguera” casi no se advierte de lo rápido que sucede, y es un momento de profunda introspección.

“No sorprende que cerrar los ojos ayude a que dominen señales internas, que favorezcan a la introspección y a enfocarse en la inspección de la evidencia que ya tenemos”, explica Pablo Polosecki, especialista en neurociencias argentino que investiga en el Centro Rockefeller, en Nueva York. “Se sabe que después de detectar un estímulo visual relevante, el procesamiento visual se apaga, haciéndonos durante un breve tiempo ciegos a lo que viene inmediatamente a continuación. Esto se conoce como «pestañeo atencional» y se ha tomado como evidencia de que existe un cuello de botella cognitivo para procesar elementos importantes”, agrega Polosecki.

Usando fMRI (resonancia magnética funcional), Kounios y Beeman vieron que la actividad neuronal en áreas especificas del lóbulo temporal del hemisferio derecho del cerebro, tradicionalmente vinculadas a procesos asociativos, se activan al momento de resolver la tarea. “El EEG permitió ver que 300 milisegundos antes de resolver la tarea ocurre una activación muy similar a la que se ve cuando cerramos los ojos y suprimimos estímulos visuales -dice Navajas-. Esto sugiere que sólo una fracción de segundo antes de tener una revelación miramos hacia adentro, en busca de la solución y que lo hacemos inhibiendo la información que nos mandan nuestros sentidos.”

A partir de sus estudios, Kounios cree que son muchos los hábitos que podemos fomentar para lograr una mayor cantidad de disparadores de “momentos Eureka”. “El buen humor los promueve, sin dudas -dice-, y sabemos que la ansiedad, por el contrario, fomenta el pensamiento analítico.” El científico norteamericano también recomienda dormir bien: “Hay un proceso muy rico de consolidación de la memoria que ocurre cuando dormimos. Estos recuerdos se transforman, nos conducen a detalles no obvios y a conexiones ocultas. Dormir bien nos lleva a generar muchosinsights“.

Para Kounios, vivimos en un mundo de una complejidad apabullante, donde las respuestas a los grandes desafíos que enfrenta la humanidad (pobreza, escasez, contaminación) llegarán de la mano de soluciones “fuera de la caja”, por lo cual es fundamental seguir indagando en este tipo de procesos neuronales. “Estos trabajos empiezan a iluminar sobre qué pasa en el cerebro antes de que demos con una idea que nos permita resolver problemas -dice Navajas-, pero está lejos de ser generalizable y hay un montón de preguntas que todavía están abiertas”.

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